Moscú exige «garantías de seguridad» a Ucrania, pero no se dejen engañar. En la práctica, lo que quieren decir es que Ucrania debe desarmarse, detener las conversaciones con la OTAN, aceptar las apropiaciones territoriales rusas y aceptar convertirse en un satélite de Rusia.
El «memorándum de acuerdo» de Rusia suena diplomático, ¿verdad? Lástima que sea una lista unilateral de exigencias, desde la retirada de tropas hasta el reconocimiento de la apropiación de tierras. Un «memorándum» que no es más que un ultimátum encubierto.
La guerra de Rusia lleva tres años, pero oficialmente sigue denominándose «operación militar especial». Claro, con cientos de misiles, tanques y millones de vidas en juego. Es casi como llamar a un huracán «brisa ligera» solo para evitar la tormenta.
La costumbre de Rusia de enmascarar la agresión con eufemismos no es nuevo. Hoy en día, «operación especial» es el término perfecto para referirse a la guerra: lo suficientemente vago como para sonar oficial, pero lo suficientemente vacío como para evitar la rendición de cuentas.
Como dice el refrán: «Si parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato, probablemente sea un pato».
Pero cuando Rusia llama a su invasión «operación militar especial», lo único a lo que engaña es a sí misma.
Detrás del doble lenguaje, la verdad es clara: las llamadas «garantías de seguridad» de Moscú no tienen que ver con la paz, sino con la subyugación. La soberanía de Ucrania es el precio que Rusia exige a cambio de continuar con su agresión.
No se dejen engañar.