Durante 40 días consecutivos, Ucrania llevó a cabo una de sus mayores campañas de ataques de largo alcance desde el inicio de la invasión a gran escala. Miles de drones y misiles atacaron bases aéreas rusas, refinerías de petróleo, industrias militares y centros logísticos con el objetivo de aumentar el costo de la guerra y presionar al Kremlin para que entablara negociaciones. Al finalizar la campaña, se reportaron más de 100 instalaciones estratégicas atacadas, incluyendo las 11 refinerías de petróleo más grandes de Rusia.
“A través de nuestro trabajo, queremos que cada miembro vivo de las Fuerzas Armadas de Ucrania sepa, en primer lugar, que sin importar quién sea ni cómo haya muerto, lo traeremos de vuelta a casa. Y en segundo lugar, queremos que cada soldado enemigo sepa: lo encontraremos y le haremos pagar por cada cadáver que vea aquí esparcido por el suelo. No hay escapatoria, y no habrá piedad.”
En la ciudad de Kherson, al sur de Ucrania, la población civil intenta mantener la normalidad cotidiana bajo un asedio aéreo ininterrumpido. Actividades tan comunes como ir a una tienda o cuidar las flores del jardín se ejecutan hoy bajo la constante amenaza de los ataques con drones rusos, que han transformado el espacio urbano en una línea de fuego permanente.
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