En el invierno más frío de Europa en más de una década, los soldados ucranianos están recurriendo a soluciones improvisadas —desde plantillas térmicas hasta ponchos blancos— para sobrevivir y mantenerse ocultos en un campo de batalla dominado por drones y cámaras térmicas.
Desde chips de relojes deportivos hasta semiconductores de lavavajillas, tanto Rusia como Irán han recurrido durante años a tecnologías civiles de doble uso para fabricar armas empleadas en ataques devastadores contra ciudades ucranianas.
Lo que distingue a Ucrania de Rusia en esta guerra es la elección de sus objetivos. Mientras Ucrania ataca instalaciones militares rusas y la infraestructura que financia el esfuerzo bélico, Rusia golpea deliberadamente infraestructuras energéticas para dejar a las ciudades ucranianas sin electricidad, calefacción ni agua.
"Diré todo tal como sucedió, sin omitir nada, a menos que haya olvidado algo", dice un joven africano sentado en una habitación en una ciudad ucraniana no revelada. Es un soldado del ejército ruso, capturado por las fuerzas ucranianas. El prisionero de guerra describe todo lo que le sucedió desde que decidió estudiar en Rusia.
En la guerra dominada por drones en Ucrania, el camuflaje está yendo más allá de patrones y colores. Con imágenes térmicas, vigilancia aérea y detección impulsada por IA transformando el campo de batalla, las fuerzas ucranianas están recurriendo a nuevos uniformes, trajes antitérmicos y capas que enmascaran el calor diseñadas para evadir los sensores tanto como la vista humana.
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