Durante décadas, la Unión Soviética negó a la población rural el derecho a la libre circulación. Los habitantes de las ciudades obtenían pasaportes.
Los campesinos no. A los 16 años, la mayoría de los jóvenes campesinos eran enviados automáticamente a granjas colectivas.
Foto: Zhelezniak M. por Radio Liberty
La escritora Olga Bergholz plasmó esta verdad en su diario. Un niño le dijo a su maestra: “Esto sigue siendo como la servidumbre. Todo va al Estado. Nosotros nos quedamos con las sobras”.
Imagen: El diario de Olga Bergholz
Sin pasaportes, los campesinos no podían viajar, establecerse en las ciudades ni acceder a mejores trabajos. En Ucrania, las ciudades se llenaron de rusos reasentados, lo que presionó a los ucranianos para que abandonaran su idioma.
Imagen: “Al apartamento nuevo” por Alexander Laktionov, 1952.
A finales de la década de 1960, el sistema estaba fallando. En 1974, los ciudadanos rurales finalmente obtuvieron pasaportes, pero el acceso a las ciudades seguía estando muy restringido.
En un puesto de la milicia soviética, comprobando la inscripción. Foto: TASS
En 1981, 50 millones de campesinos finalmente tenían pasaportes, documentos que llevaron consigo hasta los últimos años de la Unión Soviética.
Foto: Sergey Titov/Sputnik