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Rusia busca expandir el Africa Corps en Madagascar: quiénes son y sus antecedentes de violencia

Rusia está intensificando sus esfuerzos para ampliar la presencia del Africa Corps en Madagascar, en lo que analistas describen como un nuevo paso en la estrategia del Kremlin para consolidar su influencia militar, política y económica en África.
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El Africa Corps, creado tras la disolución formal del Grupo Wagner, actúa como su sucesor directo bajo control más explícito del Estado ruso y del Ministerio de Defensa. Aunque Moscú presenta su despliegue como cooperación en materia de seguridad, múltiples investigaciones internacionales han documentado que estas fuerzas operan en países africanos siguiendo un patrón recurrente de violencia contra la población civil.
En Mali, donde el Africa Corps sustituyó progresivamente a Wagner, refugiados y testigos han denunciado ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, violencia sexual, saqueos y la quema sistemática de aldeas durante operaciones conjuntas con fuerzas locales.
AP News informó sobre lo que describió como una política de “tierra quemada ” aplicada por el Africa Corps ruso en Malí, basada en testimonios directos de refugiados y líderes comunitarios. Según el reportaje, residentes que huyeron del país mostraron videos de aldeas incendiadas tras operaciones del grupo, mientras otros relataron haber encontrado los cuerpos de familiares con órganos extraídos. Investigaciones previas de AP también documentaron canales en redes sociales, presuntamente administrados por miembros del antiguo Grupo Wagner, en los que se difundían imágenes de hombres uniformados mutilando cadáveres de civiles malienses, extrayendo órganos y posando con extremidades cercenadas. “Es una política de tierra quemada. Los soldados no hablan con nadie. A cualquiera que ven, le disparan, sin preguntas ni advertencias”, declaró un jefe de aldea maliense que huyó a Mauritania por segunda vez. El líder comunitario subrayó además que, sobre el terreno, “no hay ninguna diferencia entre Wagner y el Africa Corps” (AP News).
Human Rights Watch, una organización internacional independiente dedicada a la investigación y documentación de abusos contra los derechos humanos en todo el mundo, ha advertido que estas prácticas no son incidentes aislados, sino parte de un método sistemático de control territorial basado en el terror, dirigido especialmente contra comunidades rurales y grupos percibidos como opositores.

En la República Centroafricana, fuerzas rusas vinculadas primero a Wagner y ahora al Africa Corps fueron acusadas de asesinatos de civiles, detenciones arbitrarias y explotación violenta de recursos naturales, incluidos yacimientos de oro y diamantes.
Investigaciones independientes han señalado que el Africa Corps combina operaciones militares con redes criminales, incluyendo el control coercitivo de minas, tráfico ilegal de recursos y la imposición de sistemas de trabajo forzado en zonas bajo su influencia.
Este modelo, según expertos, permite a Rusia financiar parcialmente su guerra a gran escala contra Ucrania mediante la extracción y exportación ilícita de recursos africanos.
Además del uso de fuerza, Moscú ha desplegado campañas de manipulación informativa en paralelo a sus operaciones militares, explotando identidades de personas fallecidas y amplificando narrativas prorrusas en redes sociales y medios locales.
La posible expansión del Africa Corps en Madagascar ha generado inquietud entre analistas regionales, que advierten que el país podría convertirse en otro escenario donde la cooperación militar con Rusia derive en abusos contra civiles y en el fortalecimiento de estructuras autoritarias.

Este movimiento encajaría en un patrón más amplio de proyección de poder ruso en África, donde la seguridad se utiliza como puerta de entrada para influencia política, control de recursos estratégicos y difusión de propaganda estatal.
Los antecedentes documentados del Africa Corps refuerzan las advertencias de que su llegada a nuevos países no implica estabilidad, sino un alto riesgo de violencia sistemática, impunidad y graves violaciones de derechos humanos.
Este enfoque forma parte de una estrategia más amplia del Kremlin, que combina fuerza militar, explotación económica y desinformación para sostener sus objetivos geopolíticos, incluso fuera del campo de batalla ucraniano.
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