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Cómo Rusia usa los drones ucranianos para presionar a la OTAN desde Kaliningrado

Rusia está utilizando sistemas de guerra electrónica desplegados en Kaliningrado para interferir en las rutas de drones ucranianos que atacan objetivos dentro de territorio ruso, según informó The Telegraph el 22 de mayo.
La investigación señala que unidades rusas están bloqueando y falsificando señales GPS para degradar la navegación de los drones. El resultado es que algunos aparatos pierden precisión, se desvían de su trayectoria y pueden acabar acercándose a los Estados bálticos o a Finlandia.
La técnica citada es conocida como GPS spoofing: en lugar de limitarse a bloquear la señal, el sistema transmite coordenadas falsas. Para un dron que depende de navegación por satélite, eso puede significar leer mal su propia posición y corregir el rumbo sobre datos manipulados.
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Kaliningrado como plataforma de guerra electrónica
Kaliningrado, el enclave ruso situado entre Polonia y Lituania, lleva años siendo uno de los puntos militares más sensibles de Europa. Su ubicación permite a Moscú proyectar radares, misiles, defensa aérea y capacidades de guerra electrónica hacia el Báltico y cerca del territorio de la OTAN.
Según The Telegraph, esa misma infraestructura se está usando ahora para afectar las rutas de drones ucranianos de largo alcance. No se trata solo de impedir que un dron llegue a su objetivo. La interferencia busca hacer que pierda orientación, corrija mal su ruta o desperdicie parte de su autonomía antes de alcanzar territorio ruso.
En una guerra donde los drones de largo alcance se han convertido en una herramienta cada vez más importante para golpear refinerías, depósitos, fábricas militares y nodos logísticos dentro de Rusia, la navegación es una parte central de la operación. Si Moscú consigue degradarla desde Kaliningrado, añade una capa defensiva lejos del punto final del ataque.
Qué hace el GPS spoofing
El spoofing GPS no funciona como un simple apagón de señal. Un sistema de jamming bloquea o degrada la recepción; el spoofing va más lejos: introduce una señal falsa que puede parecer legítima para el receptor.
Eso puede hacer que un dron crea estar en un punto distinto al real. A partir de ahí, sus sistemas de navegación pueden ajustar la trayectoria en la dirección equivocada. En vuelos largos, incluso una desviación pequeña puede acumularse y terminar sacando al aparato de su corredor previsto.
Para Ucrania, el problema no es solo técnico. Si un dron se desvía hacia espacio aéreo sensible, el riesgo pasa a ser político y regional: rutas alteradas, posibles incidentes cerca de países vecinos y mayor presión sobre la seguridad aérea en el Báltico.
El Báltico también siente la interferencia
Las mismas capacidades rusas no afectan únicamente al campo de batalla. Según el informe, la región del mar Báltico ha registrado interrupciones repetidas de GPS y otros servicios de navegación por satélite que afectan a la aviación y al tráfico marítimo.
Funcionarios y analistas de los Estados bálticos y de Alemania han vinculado estos incidentes con la actividad rusa de guerra electrónica desde Kaliningrado. Las interferencias incluyen tanto bloqueo de señal como falsificación de coordenadas, lo que puede hacer que los sistemas de navegación muestren posiciones erróneas.
Para los barcos que operan en el Báltico, el problema se traduce en coordenadas incorrectas, desviaciones de ruta o pérdida de una conexión GPS estable. En esos casos, las tripulaciones tienen que recurrir a métodos alternativos de navegación, algo que aumenta la carga operativa y el margen de error en una zona de tráfico intenso.
Kaliningrado como defensa de la retaguardia rusa y presión sobre la OTAN
El uso de Kaliningrado tiene una lógica estratégica clara: proteger la infraestructura dentro de Rusia que sostiene la guerra —refinerías, depósitos, plantas militares, nodos logísticos— de los ataques de largo alcance ucranianos. Si Moscú consigue desviar o degradar esos drones antes de que lleguen a sus objetivos, reduce el riesgo sobre activos que alimentan directamente su maquinaria militar.
Alterar la ruta de un dron también afecta al espacio aéreo y marítimo del Báltico, una región rodeada por Estados miembros de la OTAN. Ahí Kaliningrado funciona como una plataforma de doble uso: defensa de la retaguardia rusa y herramienta de presión híbrida contra Europa.
El resultado es cómodo para Moscú. Puede dificultar los ataques ucranianos contra infraestructura clave y, al mismo tiempo, generar inseguridad en rutas civiles, vuelos , navegación marítima y sistemas GPS de países de la OTAN.
El precedente ya existe. Un avión militar británico que transportaba al secretario de Defensa del Reino Unido, John Healey, sufrió interferencia electrónica rusa durante un vuelo de Estonia al Reino Unido. Según reportes previos, el GPS permaneció inutilizado durante las tres horas del trayecto.
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