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Estonia adopta la "defensa activa" frente a Rusia y traslada tropas de combate a la frontera

Estonia está trasladando unidades de combate clave más cerca de su frontera con Rusia y ampliando su capacidad de ataque de largo alcance bajo una nueva estrategia de "defensa activa" destinada a contrarrestar un posible ataque desde posiciones avanzadas.
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Según informó el Financial Times el 5 de octubre, el cuartel general de la 1.ª Brigada de Infantería de Estonia, la principal formación de combate del país, se está reubicando permanentemente de Tapa a Jõhvi, a unos 50 kilómetros de la frontera rusa, donde se están construyendo nuevas instalaciones militares. "Tenemos que empezar en la frontera y ganar las primeras batallas", declaró el coronel Tarmo Kundla, comandante de la brigada.
Cambio de doctrina táctica y fortificación fronteriza
Esta medida representa un cambio radical con respecto a la estrategia anterior de Estonia, que contemplaba ralentizar a una fuerza invasora mientras se esperaban refuerzos de la OTAN. Con este nuevo enfoque, las fuerzas estonias pretenden defender el territorio desde posiciones avanzadas y atacar objetivos militares en la retaguardia enemiga desde el inicio del ataque.
Como parte de este redespliegue, Estonia también está construyendo una base militar en Narva, justo en la línea fronteriza con Rusia. Se espera que la instalación albergue permanentemente a unos 200 soldados y pueda dar cabida a hasta 1.000 efectivos en caso de crisis operativa.
Artillería de largo alcance y gasto histórico en defensa
Paralelamente, Tallin está ampliando de forma sustancial su capacidad de fuego de largo alcance. Estonia desplegará nueve lanzadores HIMARS de fabricación estadounidense y nueve lanzadores K239 Chunmoo de fabricación surcoreana, con munición disponible capaz de alcanzar aproximadamente 300 kilómetros. Los análisis militares señalan que la ciudad rusa de San Petersburgo se encuentra a unos 260 kilómetros de las posiciones orientales de Estonia, perfectamente dentro del rango de estos sistemas.
“Para que la disuasión sea creíble, debemos hacer impensable cualquier agresión contra nosotros. Nuestro objetivo es claro: mantener al enemigo y las consecuencias destructivas de la guerra lejos del territorio estonio”, declaró el Ministerio de Defensa.
Este giro estratégico se produce en un momento en que Estonia ha incrementado su gasto en defensa a aproximadamente 2.400 millones de euros para 2026, lo que representa alrededor del 5,4 % de su PIB. De este presupuesto, 1.270 millones de euros están destinados exclusivamente a armamento y adquisiciones.

Evaluación de inteligencia y la sombra de la guerra híbrida
Actualmente, la inteligencia estonia no considera inminente un ataque ruso contra la OTAN. Los funcionarios estiman que Moscú no buscará una guerra a gran escala con la Alianza en al menos los próximos dos años, pero advierten que la reestructuración militar de Rusia podría aumentar drásticamente la amenaza a largo plazo.
Previamente, los servicios de seguridad estonios alertaron sobre una campaña de influencia prorrusa que promovía la creación de una entidad separatista denominada "República Popular de Narva". Esta campaña, que incluyó llamamientos al sabotaje y a la resistencia armada, fue advertida por la inteligencia como un intento de preparar el terreno para un escenario de subversión similar a las acciones de Rusia en el este de Ucrania en 2014.
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