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El terror en Europa: Rusia contrata mafias y sicarios para asesinar a disidentes y aliados de Ucrania

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La bandera de la Federación Rusa ondeando en un edificio dentro del recinto de la embajada rusa en el centro de la ciudad de Berlín, Alemania.
La bandera rusa ondea en la embajada de la Federación Rusa en Berlín, Alemania. Tras la expulsión masiva de agentes de inteligencia encubiertos como diplomáticos en toda Europa. (Foto: Getty Images)

Rusia ha intensificado drásticamente su campaña de asesinatos selectivos a lo largo y ancho de Europa desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, reorientando el letal enfoque de sus agencias de seguridad hacia disidentes rusos en el exilio y prominentes partidarios extranjeros de Kyiv.

Según un reciente y exhaustivo informe de ABC News, fundamentado en las revelaciones de tres altos funcionarios de inteligencia occidentales, los servicios secretos de Moscú han modificado radicalmente sus tácticas operativas. Ante la masiva expulsión de diplomáticos y espías rusos por parte de las naciones occidentales—una purga diplomática que comenzó tras el envenenamiento del exagente Sergei Skripal en Gran Bretaña en 2018—, el Kremlin ha decidido externalizar su guerra sucia, apoyándose cada vez más en redes del crimen organizado local y mercenarios a sueldo en lugar de desplegar a sus propios oficiales de inteligencia. Altos mandos europeos han advertido que esta escalada criminal no es accidental, sino que cuenta con una autorización política directa desde las más altas esferas del gobierno ruso.

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Esta nueva estrategia asimétrica ha puesto en alerta máxima a las fuerzas del orden del continente, las cuales han logrado desmantelar recientemente múltiples complots mortales directamente vinculados a Moscú. En Francia, las autoridades asestaron un duro golpe a estas células en abril de 2025 al detener a cuatro individuos originarios de la región rusa de Daguestán.

Estos sicarios se encontraban vigilando la residencia en Biarritz del reconocido activista ruso de derechos humanos Vladimir Osechkin, preparando el terreno logístico para su inminente asesinato. En paralelo, la violencia se ha intentado extender al Báltico. En febrero de 2025, la policía de Lituania descubrió un rastreador GPS adherido al vehículo del activista independentista Ruslan Gabbasov, logrando detener poco después a un hombre armado que acechaba cerca de su domicilio. Apenas un mes después, las mismas autoridades lituanas frustraron un ataque con bomba dirigido contra Valdas Bartkevičius, un ferviente y público defensor de la causa ucraniana.

El alcance de estas operaciones de terrorismo de Estado se extiende por toda la Unión Europea, afectando a figuras políticas y militares de alto perfil. En Alemania, los servicios de contrainteligencia lograron interceptar dos planes de asesinato independientes: uno dirigido contra el director de un importante fabricante alemán de armamento y otro contra un alto oficial militar ucraniano.

Esta ola de violencia planeada sigue la estela de los sangrientos incidentes de 2024, que incluyeron el arresto en Polonia de un individuo que conspiraba para asesinar al presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, y el brutal asesinato a tiros en España de Maxim Kuzminov, el piloto de helicóptero ruso que había desertado a Ucrania.

Ante esta grave amenaza internacional, los fiscales lituanos ya han imputado a trece individuos procedentes de al menos siete países distintos. Las investigaciones judiciales han dictaminado que estas operaciones de exterminio fueron ordenadas directamente por la inteligencia militar rusa en estrecha colaboración con oscuras redes del crimen organizado transnacional, las cuales también son las principales sospechosas de ejecutar las recientes campañas de sabotaje e incendios provocados en instalaciones críticas de Europa.

A pesar de la extrema gravedad de las amenazas, los activistas y disidentes en la lista negra del Kremlin han mostrado una notable resiliencia, rechazando en su mayoría los ofrecimientos de la policía local para cambiar sus identidades y ocultarse, argumentando que desaparecer de la vida pública sería concederle a Putin su objetivo final de silenciarlos.

Gran parte de los detalles operativos de estas vastas redes de sicariato han salido a la luz gracias al incansable trabajo de la Oficina del Fiscal General de Ucrania. En una histórica operación conjunta con las fuerzas de seguridad internacionales, las autoridades ucranianas lograron desmantelar una red de inteligencia rusa que operaba en la sombra desde agosto de 2024. Los investigadores descubrieron que este grupo clandestino se dedicaba a reclutar individuos con perfiles criminales en múltiples naciones—incluyendo Ucrania, Rusia, Bielorrusia y Georgia—para ejecutar asesinatos por encargo y misiones de sabotaje masivo a lo largo de toda la Unión Europea, consolidando una letal alianza entre el espionaje estatal ruso y el hampa internacional.

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