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Japón inspecciona los destrozos en el Museo de Chernóbil tras el ataque ruso y asume el liderazgo de su reconstrucción

Una delegación diplomática japonesa de alto nivel ha recorrido los graves destrozos infligidos por un misil ruso contra el Museo Nacional de Chernóbil, en una visita destinada a evaluar la pérdida de unos archivos históricos insustituibles y a trazar un plan bilateral de reconstrucción de urgencia, según ha confirmado el Ministerio del Interior de Ucrania.
La delegación nipona, encabezada por la ministra de Estado de Asuntos Exteriores, Ayano Kunimitsu, fue guiada a través de las salas de exposición devastadas por la secretaria de Estado de Interior ucraniana, Inna Yashchuk, y la directora del centro, Vitalina Martynovska. En un recorrido de alto voltaje simbólico, las autoridades de Tokio —un país profundamente concienciado con el legado del trauma nuclear— inspeccionaron las vitrinas hechas añicos, los legajos dañados y los restos físicos de la sección de cola del proyectil ruso, incrustados todavía en la estructura de la galería como cicatrices de la ofensiva del Kremlin sobre el patrimonio cultural e histórico del país.
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El centro cultural ya sufrió el azote de los bombardeos masivos de mayo a las pocas semanas de reabrir sus puertas
El ensañamiento con el centro cultural no es nuevo. El Museo Nacional de Chernóbil ya había quedado seriamente dañado durante la ofensiva masiva nocturna que Rusia lanzó sobre Kyiv el pasado 24 de mayo, una noche en la que una lluvia de misiles y drones kamikazes golpeó de forma simultánea múltiples infraestructuras civiles y espacios culturales por toda la capital. Las autoridades ucranianas informaron entonces de que aquel impacto provocó daños estructurales severos, dejando el tejado completamente calcinado y reduciendo a cenizas varias de las salas de exposición principales.
La destrucción del inmueble se registró pocas semanas después de que la institución reabriera sus puertas al público, tras haber completado un proceso de restauración. Los daños causados por el ataque ruso afectaron a las áreas recientemente recuperadas, lo que según las autoridades locales pone de manifiesto el impacto directo de la guerra sobre el patrimonio cultural e histórico del país.

Kyiv acusa al Kremlin de intentar "destruir la verdad" tras desvelar documentos secretos de la catástrofe de 1986
Los motivos detrás del bombardeo trascienden, según el Gobierno ucraniano, la mera casualidad de los mapas de objetivos militares. El informe pormenorizado del Ministerio del Interior detalla que, bajo las directrices directas del ministro Ihor Klymenko, la institución estatal había sacado a la luz recientemente una serie de materiales de archivo que permanecían clasificados como secreto de Estado. Se trataba de documentos inéditos que registraban de forma fidedigna los primeros segundos transcurridos tras la fatídica explosión nuclear de 1986 en la central de Chernóbil.
Este paso hacia la transparencia histórica es el que ha llevado a la secretaria de Estado, Inna Yashchuk, a sostener la firme sospecha de que el ataque ruso no fue un error de cálculo. "El ataque, perpetrado apenas un mes después de la apertura de las instalaciones, tenía como objetivo destruir la historia y la verdad que este museo custodia y pone de relieve", ha sentenciado la alta funcionaria. Para Kyiv, el proyectil no buscaba solo golpear el ladrillo de la capital, sino silenciar los archivos que evidencian la gestión de los desastres de la era soviética, cuya herencia política defiende el actual régimen de Moscú.
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A pesar de que el impacto del proyectil niveló por completo varias de las salas de exposición principales, el Ministerio del Interior ha confirmado que elementos críticos de la colección han logrado sobrevivir, incluidos los módulos educativos financiados y desarrollados con asistencia técnica de Tokio. Con el objetivo de garantizar la restauración estructural a largo plazo de este espacio histórico, la administración local ultima la creación de un comité de supervisión internacional. Diversos socios globales ya han inspeccionado las ruinas y han manifestado formalmente su disposición a financiar la reconstrucción integral del complejo y acelerar la reanudación de sus actividades pedagógicas.
La ofensiva rusa contra el legado de Chernóbil se enmarca en un historial de agresiones directas a la seguridad nuclear de la región. El Kremlin ya provocó una grave crisis en la propia central atómica de Chernóbil tras un ataque con drones que comprometió la integridad del Nuevo Sarcófago Seguro (NSC) sobre el reactor número 4.
Aquel ataque aéreo y el posterior incendio subsiguiente abrieron una brecha en el blindaje hermético de la estructura de acero, alterando el sistema de presión negativa diseñado para contener el polvo radiactivo en suspensión. Los expertos medioambientales advierten de que los daños estructurales no solo elevan el riesgo de una contaminación localizada, sino que dificultan sensiblemente los trabajos de desmantelamiento a largo plazo de los elementos más inestables del sarcófago original construido en 1986.
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