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Rusia demanda a Rheinmetall por 47 millones de euros debido a un contrato cancelado por su propia ocupación de Crimea

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Primer plano del cañón de un vehículo de combate Puma en la línea de producción del contratista de defensa alemán Rheinmetall en Unterluess, Alemania, ilustrando la tecnología de punta bloqueada para Rusia tras la ocupación de Crimea.
Cañón de un vehículo de combate Puma en la línea de producción del contratista de defensa alemán Rheinmetall en Unterluess, Alemania. (Foto: Getty Images.)

El Ministerio de Defensa de Rusia ha redoblado su ofensiva legal contra la industria militar europea. A través de la fiscalía militar y de la corporación estatal Garrison JSC, el Kremlin ha presentado una demanda contra el gigante alemán de la defensa Rheinmetall, a la que exige el pago de 47,2 millones de euros. El litigio responde a la cancelación de un proyecto clave para construir un centro de instrucción militar avanzado en territorio ruso.

La reclamación judicial, desvelada este 3 de junio por el diario económico ruso RBC, penaliza la decisión de Berlín de congelar toda cooperación militar con Moscú. Aquella ruptura se produjo de forma fulminante en 2014, inmediatamente después de que las tropas rusas ejecutaran la ocupación ilegal de la península ucraniana de Crimea, un movimiento que transformó la seguridad europea y que anticipó la actual invasión a gran escala.

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El secretismo de Mulino: Los detalles del contrato roto

El litigio formalizado ante el Tribunal de Arbitraje de Moscú persigue que la justicia rusa declare oficialmente rescindido el contrato para la construcción y el equipamiento del centro de entrenamiento de las fuerzas terrestres en Mulino, en la región de Nizhny Novgorod. Debido a la implicación de secretos de Estado y seguridad nacional, el proceso judicial se está desarrollando estrictamente a puerta cerrada.

El acuerdo original se remonta a 2011, cuando Rheinmetall y la hoy extinta empresa estatal rusa Oboronservis firmaron un ambicioso contrato. El proyecto incluía el suministro de un sistema de entrenamiento en combate real de última generación, además de servicios de ingeniería de sistemas y control de calidad. El objetivo de Moscú era modernizar las tácticas de sus tropas utilizando tecnología puntera alemana, un plan que quedó truncado por las propias ambiciones expansionistas del líder ruso.

La ruptura tecnológica que desarmó la modernización rusa

La planificación original estipulaba que Rheinmetall debía entregar el complejo militar de Mulino completamente operativo a mediados de 2014. El proyecto no era menor: el Ministerio de Defensa de Rusia pretendía adquirir simuladores de tiro con tecnología láser alemana para adiestrar a sus tropas en tácticas avanzadas de combate real. Con este equipamiento, Moscú buscaba subsanar las deficiencias tácticas de sus fuerzas terrestres importando los estándares de la OTAN.

Sin embargo, el despliegue de las fuerzas de ocupación en Crimea dinamitó por completo la confianza internacional. Berlín reaccionó cancelando de forma fulminante la exportación de tecnología de defensa hacia territorio ruso y revocando los permisos legales para que la firma de Düsseldorf continuara en la obra. Esta sanción temprana privó a Rusia de una infraestructura crítica justo antes de que el líder ruso decidiera arrastrar al continente a una guerra a gran escala.

Hoy, la demanda contra Rheinmetall asoma como una maniobra desesperada del Kremlin por recuperar fondos en medio de un aislamiento económico asfixiante. Mientras Rusia pleitea a puerta cerrada por un proyecto de hace más de una década, la empresa alemana se ha consolidado como uno de los pilares industriales del esfuerzo defensivo de Kyiv, suministrando blindados, munición pesada y sistemas antiaéreos clave para la resistencia ucraniana.

Russian soldiers in the Mulino training center.
Russian soldiers in the Mulino training center. (Photo: open source)

El laberinto legal del Kremlin y la fantasía de las multas millonarias

El intento de reclamar estos fondos no es nuevo. El Ministerio de Defensa de Rusia ya había presentado previamente una demanda contra Rheinmetall ante un tribunal en Suiza, pero las exigencias del Kremlin fueron rechazadas de forma categórica por la justicia helvética. Incluso dentro de las propias fronteras rusas, los juristas locales reconocen bajo condición de anonimato que recuperar físicamente los 47,2 millones de euros de la firma alemana es una tarea prácticamente imposible debido al bloqueo de los canales financieros internacionales.

Este litigio contra la empresa de defensa se suma a una serie de resoluciones judiciales rusas que rozan el absurdo financiero en su confrontación con Occidente. Recientemente, el Tribunal Supremo de Rusia ratificó una condena que obliga al gigante tecnológico Google a pagar la insólita cifra de 91,5 quintillones de rublos (equivalentes a unos 1,2 trillones de dólares americanos). Esta suma, extraída directamente de los expedientes del tribunal, representa una cantidad aproximadamente un millón de veces mayor que el Producto Interior Bruto (PIB) global, evidenciando la desconexión entre los fallos judiciales de Moscú y la realidad económica mundial.

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