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Cómo las tácticas de sabotaje de la era soviética están socavando la defensa aérea de Ucrania hoy

La vacilación europea a la hora de suministrar a Ucrania misiles de defensa aérea críticos, en medio de la creciente preocupación por la actividad de los drones rusos, evoca las estrategias soviéticas de sabotaje y guerra híbrida de la Guerra Fría.
Según Defense Express, los acontecimientos actuales reflejan la perdurable influencia de una doctrina de sabotaje formulada por la URSS en la década de 1960, mucho antes de que entraran en servicio las modernas capacidades de aviación estratégica de Rusia, como los bombarderos Tu-95MS.
El informe destaca que los recientes actos de sabotaje y las presuntas operaciones encubiertas rusas en infraestructuras e instalaciones de defensa europeas han intensificado los temores de una escalada.

Según se informa, estos temores están influyendo en las decisiones de algunos estados europeos de retrasar o restringir los envíos de misiles tierra-aire a Ucrania, a pesar de su urgente necesidad de defenderse de los continuos ataques aéreos.
Durante la década de 1960, los estrategas militares soviéticos se enfrentaron a un desafío estratégico: cómo infligir daños a la infraestructura de la OTAN sin recurrir a armas nucleares. Para abordarlo, desarrollaron una doctrina para operaciones de sabotaje convencionales, no nucleares, diseñada para operar tanto en tiempos de guerra como de paz.
En aquel entonces, la variante del bombardero Tu-95K podía transportar un solo misil Kh-20, un arma nuclear con un alcance limitado a 600 kilómetros. Esto subrayó la necesidad de capacidades alternativas, especialmente para escenarios de combate no nucleares.

En consecuencia, la URSS enfatizó las operaciones encubiertas de sabotaje en Europa Occidental utilizando agentes con cobertura diplomática o ciudadanos de países socialistas aliados, como la República Democrática Alemana o Checoslovaquia.
La doctrina describió una secuencia clara para atacar la infraestructura, comenzando por centrales eléctricas y oleoductos, seguidos por nodos de transporte y sistemas de control, servicios públicos municipales, medios de comunicación y, finalmente, instalaciones militares.
Este enfoque buscaba no solo desactivar servicios clave, sino también extraer el máximo impacto psicológico de cada operación exitosa.
Defense Express argumenta que, si bien el entorno técnico ha cambiado, las bases conceptuales establecidas durante la Guerra Fría siguen vigentes.

El uso actual por parte de Rusia de drones de largo alcance como el Shahed-136 (capaz de alcanzar hasta 2500 kilómetros) y los actos coordinados de sabotaje en toda Europa sugieren una continuidad de esa antigua estrategia, ahora actualizada con herramientas modernas.
En lugar de centrarse únicamente en concienciar sobre el nivel de amenaza de Rusia, el artículo recomienda que Ucrania y sus socios prioricen medidas prácticas conjuntas para contrarrestar las incursiones con drones y prevenir actos de sabotaje.
Anteriormente, el Financial Times informó que una oleada de presuntas operaciones de sabotaje rusas en toda Europa (incluyendo planes para atentados con bombas contra centros logísticos, infraestructura ferroviaria e incursiones con drones) podría formar parte de una campaña híbrida coordinada destinada a sondear las vulnerabilidades de Europa y preparar el terreno para un posible conflicto futuro con la OTAN.
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