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Trata estatal y extorsión: Kyiv denuncia el crimen ruso de exigir soldados a cambio de los niños ucranianos secuestrados

En una maniobra que Kyiv ha calificado de inadmisible, Rusia ha puesto sobre la mesa una propuesta sin precedentes para resolver el expediente de los menores robados durante la ocupación: incluirlos en las listas de intercambio de prisioneros de guerra. El Ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, expuso y rechazó tajantemente esta oferta el 11 de mayo, advirtiendo que los civiles, y mucho menos los niños, no pueden ser tratados como combatientes capturados.
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La rotunda negativa tuvo lugar durante una cumbre de alto nivel celebrada en Bruselas, donde representantes de 63 países, junto a la cúpula de la Unión Europea y la OTAN, se congregaron para coordinar una estrategia conjunta que permita la repatriación de los menores deportados.
«Hoy quiero declarar esto oficialmente: el destino de los niños ucranianos nunca se convertirá en parte de ningún compromiso», sentenció Sybiha ante la coalición internacional. «Rusia ya ha propuesto incluir a los niños en las listas de intercambio. Pero esto es inaceptable. La libertad de los niños es incondicional».
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La aritmética del secuestro
Detrás del pulso diplomático hay cifras que dimensionan la escala del sistema de deportación ruso. Desde el inicio de la invasión a gran escala, Ucrania ha logrado documentar con nombres y apellidos más de 20.570 casos de menores deportados a la Rusia o desplazados a la fuerza dentro de los territorios ocupados.
Sin embargo, los cálculos oficiales de Kyiv dibujan un panorama mucho más sombrío: estiman que más de 1,6 millones de niños ucranianos permanecen actualmente bajo el control de Moscú. Frente a esta inmensidad, el ritmo de rescate es agónico, con apenas 2.129 menores que han logrado ser devueltos a sus familias hasta la fecha.
Según el análisis del ministro ucraniano, el Kremlin teme este tema más que cualquier otro punto en la agenda internacional. La sustracción de menores no admite justificaciones de seguridad nacional ni ambigüedades tácticas; expone de forma directa la responsabilidad de Moscú en un crimen de guerra sostenido en el tiempo. Por ello, Sybiha exigió a los aliados una ampliación inmediata de las sanciones contra los funcionarios e intermediarios rusos que orquestan las políticas de asimilación forzada y las adopciones ilegales exprés.
Asimismo, instó a blindar el cerco legal respaldando activamente las órdenes de arresto emitidas por la Corte Penal Internacional contra el líder ruso, Vladimir Putin, y su comisionada para los derechos del niño, Maria Lvova-Belova.


Rusia lanza un catálogo en línea con niños ucranianos en adopción, en el que se destacan rasgos como «obediente»
Mientras en Bruselas la diplomacia libra una batalla institucional para frenar el secuestro masivo, la realidad dentro de los territorios ocupados ha llevado la maquinaria de la asimilación a un extremo mercantil. La insistencia rusa en retener a estos menores cobra un sentido aún más macabro ante los recientes hallazgos de la ONG ucraniana Save Ukraine, cuyo director, Mykola Kuleba, destapó la existencia de un perturbador «catálogo» en línea gestionado por las autoridades de ocupación en la región de Lugansk.
En esta base de datos gubernamental, al menos 294 niños ucranianos son ofrecidos para adopción o acogimiento en Rusia bajo un sistema de clasificación que hiela la sangre. El portal permite a las familias rusas filtrar a los menores según rasgos físicos exactos: color de ojos, tono de cabello, edad, sexo y hasta rasgos de personalidad, destacando etiquetas como «obedientes» o «tranquilos».
Gran parte de los niños expuestos en esta web nacieron en Lugansk antes de la ocupación y tenían plena ciudadanía ucraniana. La historia detrás de sus perfiles esconde el rastro de la invasión: según Kuleba, algunos son huérfanos de padres asesinados por las propias fuerzas rusas, mientras que a otros se les ha alterado la documentación para blanquear legalmente su sustracción y así alimentar la decaída demanda de adopciones dentro de la Federación Rusa.
«La forma en que describen a nuestros niños es indistinguible de un catálogo de esclavos. Se trata de tráfico de niños en el siglo XXI, y el mundo debe actuar para detenerlo de inmediato», denunció Kuleba. Es precisamente esta cosificación absoluta, donde un menor es despojado de su identidad y reducido a sus características físicas en un escaparate digital, la que subraya la negativa tajante de Kyiv: la vida de un niño no se negocia, no se intercambia por prisioneros de guerra y no se oferta por catálogo.
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