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La cámara de tortura de Rusia: 375 prisioneros de guerra ucranianos devueltos muertos

En lo que constituye una de las denuncias más sombrías sobre el trato a los prisioneros en esta guerra, las autoridades ucranianas han revelado que Rusia ha devuelto los cuerpos de 375 efectivos militares y civiles que previamente habían sido clasificados y registrados como prisioneros de guerra vivos.
La escalofriante cifra fue divulgada este 4 de mayo por Bohdan Okhrimenko, jefe de la Secretaría de la Sede de Coordinación de Ucrania para el Trato de Prisioneros de Guerra, durante una extensa entrevista concedida a la agencia nacional Ukrinform.
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El funcionario desglosó el origen de los registros de estas víctimas, subrayando la certeza que tenía el Estado ucraniano sobre su supervivencia inicial tras ser capturados por las fuerzas de ocupación.
Según detalló Okhrimenko, de los 375 cuerpos repatriados, 146 correspondían a prisioneros cuyo estatus y presencia en centros de detención rusos habían sido confirmados de manera oficial e independiente por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). En cuanto a los 229 casos restantes, su cautiverio con vida había sido verificado a través de un riguroso cruce de fuentes adicionales.
Entre las pruebas más contundentes se encuentran los testimonios directos y jurados de otros prisioneros de guerra ucranianos que lograron ser liberados en intercambios anteriores y que confirmaron haber compartido celdas, haber interactuado o haber visto con vida a estos compatriotas en las prisiones de Rusia. La devolución de sus restos mortales confirma los peores temores sobre las condiciones de letalidad dentro del sistema penitenciario ruso.

El estado en el que son devueltos estos cuerpos expone una violación flagrante y continua del derecho internacional humanitario en el marco de esta guerra. Okhrimenko fue categórico al declarar que los cadáveres repatriados presentan signos forenses innegables de tortura, agotamiento extremo por desnutrición prolongada y una total privación de atención médica básica.
Desde el punto de vista jurídico, el funcionario recordó que, bajo el amparo de la Tercera Convención de Ginebra, Rusia asume la responsabilidad legal y moral ineludible sobre la vida y la integridad física de los prisioneros que mantiene bajo su custodia. En el momento en que Moscú informa al CICR que ha capturado a un militar o civil, se compromete internacionalmente a garantizar sus necesidades fisiológicas y humanas más básicas, lo que incluye la provisión adecuada de alimentos, ropa de abrigo y tratamiento médico para heridas o enfermedades.
La realidad forense demuestra que estos compromisos son sistemáticamente ignorados. Okhrimenko señaló que el absoluto fracaso de Rusia en el cumplimiento de estas obligaciones internacionales se documenta trágicamente cada vez que se abren las bolsas de cadáveres repatriadas. En lugar de un trato humano, los forenses encuentran los rastros de un exterminio silencioso.

Ante esta avalancha de pruebas físicas, las agencias de aplicación de la ley y los fiscales ucranianos han activado protocolos de máxima rigurosidad. Cada lesión, cada signo de inanición y cada trauma letal está siendo minuciosamente documentado, fotografiado y archivado. Todos estos expedientes probatorios están siendo transferidos directamente a los investigadores de la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya, consolidando un caso masivo por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por Rusia en sus centros de internamiento.
La brutalidad del trato ruso hacia los prisioneros ucranianos alcanza niveles aún más perturbadores cuando los especialistas forenses examinan los cuerpos en la mesa de autopsias. Un incidente de extrema gravedad ocurrió en marzo de este año, cuando un equipo forense ucraniano en la ciudad de Chernivtsi se encontraba examinando los restos de un soldado caído que había sido devuelto en un intercambio rutinario de repatriación.
Viktor Bachynskyi, jefe de la Oficina Regional de Examen Médico Forense de Chernivtsi, relató que durante el procedimiento estándar de post-mortem se toparon con una trampa mortal. Una granada sin detonar había sido plantada dentro del cadáver.

A este espeluznante descubrimiento se suma un caso que ha conmocionado a la comunidad internacional y periodística en el transcurso de esta guerra: la repatriación en febrero de 2025 del cuerpo de la periodista ucraniana Viktoria Roshchyna. Una profunda investigación internacional llevada a cabo por la organización Forbidden Stories, en colaboración con 13 medios de comunicación asociados, reveló detalles macabros sobre el estado de sus restos.
Al recibir el cuerpo, los patólogos ucranianos descubrieron que le faltaban múltiples órganos internos. La extracción deliberada de su cerebro y de sus globos oculares ha generado un fuerte consenso entre los especialistas forenses: estas remociones no responden a ningún procedimiento médico estándar, sino que constituyen un intento descarado y brutal por parte de las autoridades de Rusia para borrar cualquier evidencia física, ocultando así las verdaderas causas y los posibles métodos de tortura que provocaron la muerte de la periodista en cautiverio.
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