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La denuncia de Kyiv ante la ONU: la violencia sexual como política de Estado en las zonas ocupadas por Rusia

Con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania ha emitido un llamamiento este 19 de junio para intensificar la presión diplomática sobre Moscú y exigir la rendición de cuentas por los abusos cometidos en el marco de la guerra. En un comunicado oficial, el ministerio ha denunciado que la violencia sexual vinculada a las hostilidades persiste como uno de los crímenes de lesa humanidad más graves perpetrados por las fuerzas de ocupación y las administraciones locales aliadas de Rusia.
La diplomacia ucraniana ha subrayado la necesidad de que los organismos multilaterales adopten medidas punitivas y de supervisión más severas que permitan identificar y procesar penalmente a los responsables de estas violaciones del derecho internacional humanitario. Según el documento emitido por el ministerio, estas prácticas no constituyen incidentes aislados derivados de la indisciplina en el frente, sino un mecanismo sistemático de coacción en las zonas bajo control ruso, lo que requiere una respuesta jurídica e institucional coordinada a nivel global para evitar la impunidad.
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La metodología del desgaste y los mecanismos de supervisión
El comunicado del ministerio sostiene que estas agresiones se emplean de manera deliberada como un método de guerra más, concebido como un instrumento de intimidación destinado a quebrar la cohesión comunitaria y erosionar la dignidad en los territorios ocupados por Rusia. Lejos de responder a desmanes individuales, la diplomacia ucraniana argumenta que la persistencia de estas conductas refleja una política de control social orientada a neutralizar la resistencia civil mediante el factor punitivo y el miedo.
Para sustentar estas denuncias, el Gobierno de Kyiv mantiene una línea de cooperación regular con los principales órganos de supervisión internacional. Entre las entidades involucradas en la recopilación de testimonios e indicios sobre el terreno destacan la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania y la Representación Especial de la Secretaría General para la Cuestión de los Niños y los Conflictos Armados.
De acuerdo con el balance de Exteriores, las misiones desplegadas por estas agencias multilaterales han reunido un acervo documental que ratifica el carácter sistemático y estructural de los abusos en las regiones bajo ocupación rusa. Esta base empírica busca servir de fundamento jurídico para los futuros procesos de rendición de cuentas ante los tribunales internacionales, elevando la persecución de estas conductas desde la categoría de infracciones de tropa a la de crímenes de lesa humanidad con responsabilidad en la cadena de mando.

El perfil de las víctimas y las consecuencias en la ONU
Los expedientes validados por las autoridades judiciales ucranianas reflejan la transversalidad de los abusos. Según los datos del ministerio, las investigaciones en curso abarcan centenares de casos documentados que afectan a mujeres, hombres y menores de ambos sexos. Entre las conductas delictivas bajo examen penal se tipifican agresiones que van desde la violación y las mutilaciones genitales hasta la desnudez forzada, los intentos de agresión y la coacción psicológica de obligar a los detenidos a presenciar abusos contra sus propios familiares. La dispersión demográfica de los afectados ilustra la falta de filtros en las zonas de ocupación: el perfil de las víctimas confirmadas abarca desde una menor de cuatro años hasta una mujer de 83.

El debate institucional ha adquirido una dimensión jurídica de primer orden tras la publicación, el pasado 29 de mayo de 2026, del informe anual del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la materia. Por primera vez en el devenir de esta guerra, el documento oficial de la ONU ha incluido a las fuerzas armadas y a las estructuras de seguridad de Rusia en la denominada "lista de la vergüenza", el registro que cataloga a los actores estatales y no estatales sospechosos de emplear la violencia sexual de manera estructural en zonas de guerra.
Esta designación diplomática ha sido esgrimida de inmediato por el Gobierno de Kyiv como un argumento legal para exigir reformas estructurales dentro del organigrama de la seguridad global. En sus conclusiones, el Ministerio de Relaciones Exteriores sostiene que la inclusión de las fuerzas rusas en dicho registro internacional debe constituir un fundamento jurídico vinculante para inhabilitar de forma permanente a Moscú de cualquier participación, financiación o despliegue en las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

El veto al acceso y el balance de la fiscalización internacional
El informe de las Naciones Unidas detalla que la inclusión de las fuerzas armadas y los servicios de seguridad rusos en la lista negra responde de manera específica a los abusos constatados contra prisioneros de guerra y civiles bajo custodia en el marco de la invasión rusa de Ucrania. Los investigadores de la ONU lograron verificar 310 casos de violencia sexual vinculada a la invasión rusa tanto en el territorio de Rusia como en las zonas ocupadas, a pesar de la política de las autoridades de Moscú de denegar de manera sistemática el acceso a los equipos internacionales de derechos humanos. Los hallazgos del documento revelan, además, una particularidad demográfica del patrón de custodia: la gran mayoría de las víctimas identificadas en este registro son hombres.
Ante este escenario, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania ha extendido un exhorto formal a la comunidad internacional, a los Estados miembros de la ONU y a las organizaciones gubernamentales y civiles de carácter humanitario para redoblar la presión política, diplomática y el régimen de sanciones sobre el Kremlin. Kyiv enfatiza que el objetivo estratégico de estas medidas coercitivas debe orientarse a desmantelar lo que define como una política de Estado que instrumentaliza la violencia sexual como recurso bélico, forzando la comparecencia de los responsables ante los tribunales bajo el amparo del derecho internacional.
Como contrapartida, la administración ucraniana ha reafirmado que la protección de los derechos de los supervivientes, la garantía de asistencia profesional integral y la facilitación del acceso a los cauces de justicia penal se mantendrán como los ejes prioritarios de su cooperación con los socios internacionales. La gravedad de las condiciones de confinamiento ya había sido expuesta por el Defensor del Pueblo de Ucrania, Dmytro Lubinets, quien señaló que las investigaciones locales han tipificado hasta 695 modalidades distintas de tortura —que abarcan desde el maltrato físico y psicológico severo hasta la coacción sexual— empleadas de forma sistemática contra los prisioneros de guerra ucranianos en los centros de detención.
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