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Guerra en Ucrania

Moscú despliega 300.000 cámaras con reconocimiento facial para cazar reclutas y disidentes

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Cámara de vigilancia urbana con tecnología de reconocimiento facial instalada en las calles de Moscú.
Una fotografía muestra una cámara de vigilancia en un pasaje subterráneo en Moscú, Rusia. (Fuente: Getty Images)

Lo que comenzó como un modelo de modernización urbana y servicios digitales para facilitar el transporte público se ha transformado en el mayor dragado biométrico del planeta.

El gobierno ruso ha integrado la red de aproximadamente 300.000 cámaras de circuito cerrado (CCTV) de la capital con algoritmos de reconocimiento facial para identificar, rastrear y detener a disidentes políticos y a ciudadanos en edad militar que intentan evadir el reclutamiento, según reveló una investigación publicada por The New York Times.

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Esta infraestructura de vigilancia convierte a Moscú en una jaula digital donde acciones rutinarias como acceder al metro o pagar en comercios mediante identificación facial disparan alertas automáticas para las fuerzas de seguridad.

Fricción interna: El choque entre los tecnócratas y el FSB

A pesar de la efectividad técnica del aparato de supervisión, la implementación de la inteligencia artificial ha generado profundas divisiones dentro del propio régimen ruso.

Fuentes involucradas en el desarrollo de esta infraestructura digital revelaron a The New York Times la existencia de un choque directo entre los tecnócratas civiles y el Servicio Federal de Seguridad (FSB):

  • Control analógico tradicional: Los sectores de contrainteligencia del FSB desconfían de la automatización y consideran que la IA amenaza el monopolio de su red de agentes humanos e informantes.

  • Sabotaje operativo: Como muestra de esta tensión, en marzo las fuerzas de seguridad interrumpieron el acceso a internet móvil en todo el centro de Moscú durante más de dos semanas tras un incidente de seguridad, paralizando servicios comerciales clave y bloqueando infraestructuras en las que el Estado había invertido miles de millones de dólares.

Sanciones, fuga de cerebros y la ilusión de la "soberanía tecnológica"

Aunque el presidente Vladimir Putin ha catalogado el desarrollo de la inteligencia artificial como una prioridad existencial para la soberanía nacional, la realidad del sector tecnológico ruso dista de la autosuficiencia anunciada por el Kremlin.

  1. Dependencia de arquitectura china: Asfixiado por las sanciones occidentales que restringen el acceso a microchips de última generación y debilitado por el éxodo masivo de talentos informáticos tras febrero de 2022, el desarrollo de la IA rusa depende en gran medida de código abierto de origen chino.

  2. Aislamiento de la red global: Tras la decisión de tecnológicas como Google de retirar complementos de firma electrónica rusa de sus plataformas, empresas criptográficas locales sancionadas trabajan en un navegador estatal obligatorio. Este software incorporará protocolos de cifrado aprobados de forma exclusiva por el FSB y será de uso forzoso en todas las instituciones gubernamentales para el año 2028.

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