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Guerra en Ucrania

Moscú estrangula la economía civil para salvar la industria militar, pero la producción de armas también se frena

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Ciudadanos en Moscú sostienen una reproducción gigante de un billete de mil rublos con la cara de Vladimir Putin.
Varios manifestantes muestran una reproducción gigante de un billete de mil rublos con el rostro de Vladimir Putin en Moscú. La financiación de la guerra vuelve a ahogar la economía rusa. (Foto: Getty Images)

La economía de Rusia registró un raquítico crecimiento del 0,3% durante el primer semestre de 2026, confirmando un severo frenazo en su actividad productiva. La marcada desaceleración responde a la contracción del sector civil, una sangría en la producción de sus refinerías de petróleo y el paulatino agotamiento del auge manufacturero impulsado por la industria de defensa, según reveló este miércoles el diario The Moscow Times.

El avance registrado entre enero y junio contrasta con el ritmo del ejercicio anterior: el crecimiento resulta cuatro veces inferior al 1,2% anotado en el mismo periodo de 2025 y tres veces más débil que la expansión del 0,9% computada en la segunda mitad del año pasado. Los datos evidencian que el modelo de economía de guerra impulsado por el Kremlin empieza a mostrar claros síntomas de fatiga y topes estructurales difíciles de sostener a medio plazo.

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El rebote de junio no evita el estancamiento tras el empuje militar

El Ministerio de Economía de Rusia calculó que el crecimiento se aceleró hasta el 1,1% en junio. Sin embargo, ese rebote puntual resultó insuficiente para neutralizar la contracción del 0,2% encajada durante el primer trimestre y la atonía registrada a lo largo de abril y mayo.

Esta brusca ralentización sucede al ciclo de expansión impulsado por el gasto militar entre 2023 y 2024, un periodo en el que Moscú movilizó recursos para la defensa a niveles no vistos desde la era soviética e inyectó 625.000 millones de dólares a la masa monetaria del país. Los analistas coinciden en que la estrategia de sostener el PIB a base de talonario presupuestario ha tocado techo.

«La economía de Rusia se ha atascado por completo», constata Elina Ribakova, investigadora principal del Peterson Institute for International Economics.

El escenario confirma que el efecto dopante de la producción de armamento ya no logra compensar la parálisis del resto de sectores productivos, ahogados por la falta de mano de obra y la persistente inflación.

El sector militar pierde gas mientras el Kremlin ahoga al resto de la economía

El intento de sostener la maqinaria bélica a expensas de los recursos del país está estrangulando las industrias civiles sin lograr mantener los ritmos de producción militar previos.

«Las autoridades están asfixiando a todos los demás sectores de la economía para que, al menos, la industria militar siga registrando algo de crecimiento», señala Elina Ribakova. Sin embargo, incluso la manufactura vinculada a la defensa comienza a perder impulso.

La producción de bienes metálicos elaborados —una categoría estadística que engloba bombas y proyectiles de artillería— creció un 8,8% durante la primera mitad del año, una cifra sensiblemente inferior al 18% registrado en el mismo periodo del año anterior.

Del mismo modo, el ritmo en la fabricación de equipos informáticos, electrónicos y ópticos experimentó una fuerte desaceleración: su volumen aumentó un 4,3%, frente al vertiginoso incremento del 11,7% anotado en el ejercicio precedente.

La industria civil se hunde y los ataques a las refinerías asestan un golpe histórico

Mientras la maquinaria bélica da muestras de agotamiento, la industria civil se adentra cada vez más en la recesión. La producción textil se desplomó un 6,3%, mientras que la actividad metalúrgica sufrió una severa caída del 9,1%.

El golpe más contundente lo ha recibido el sector energético. Tras los repetidos ataques contra instalaciones petroleras en suelo ruso, la refinación de crudo sufrió el mayor retroceso registrado en dos décadas de series estadísticas. En junio, la producción cayó un vertiginoso 21,7%, acumulando un descenso del 7,7% en el conjunto de la primera mitad del año.

A esta sangría industrial se suma la vulnerabilidad del comercio electrónico. Los continuos ataques contra los almacenes de Wildberries, la mayor plataforma de venta en línea del país, amenazan con desencadenar un impacto económico de mayor alcance.

«Las consecuencias de estas incursiones pueden ir mucho más allá del valor de las mercancías destruidas», advierte Alexander Kolyandr, director de la consultora Eurasia Group.

Amenaza sobre el consumo y previsiones al borde de la recesión

El impacto de las incursiones trasciende el ámbito logístico debido al gigantesco volumen que maneja Wildberries, cuyo volumen de ventas anual equivale aproximadamente al 3% del PIB de Rusia. El colapso o la interrupción prolongada de sus operaciones amenaza con arrastrar a la quiebra a miles de pequeños comerciantes independientes, desencadenando una ola de impagos bancarios y deudas fiscales que añadiría una presión insostenible sobre el sistema financiero y los presupuestos del Kremlin.

El panorama macroeconómico global refleja este agotamiento. Tras registrar un modesto crecimiento del 1% el año pasado —apenas dos quintas partes de lo estimado inicialmente por las autoridades—, las perspectivas para el ejercicio actual son sombrías.

Aunque el Ministerio de Economía arrancó 2026 proyectando una expansión del 1,2%, la realidad obligó a recortar esa previsión en primavera hasta un escaso 0,4%. Instituciones de peso como Sberbank y el propio Banco Central de Rusia van más allá y advierten de que el crecimiento podría esfumarse por completo, situando sus estimaciones en una horquilla de entre el 0% y el 0,5%.

El Kremlin se queda sin margen para financiar la guerra

El horizonte económico para el conjunto del ejercicio se presenta sombrío, sin atisbos de recuperación a corto plazo.

«En el mejor de los casos, Rusia cerrará el año con un crecimiento nulo», vaticina Elina Ribakova.

Ante la asfixia financiera, la administración de Moscú rastrea «hasta el último rincón» en busca de fondos líquidos para sostener el esfuerzo de guerra, recurriendo a subidas de impuestos y a la inyección de liquidez en el sector bancario para mantener con vida la red de crédito. Sin embargo, las reservas se agotan a un ritmo acelerado:

«Cada vez queda menos de donde rascar», advierte la analista.

El deterioro de las cuentas públicas responde al desequilibrio generado por la contienda. El déficit presupuestario ruso se disparó hasta rozar los 77.000 millones de dólares en el primer semestre de 2026, una brecha que las autoridades están financiando de forma creciente mediante la emisión indirecta de rublos, una vía monetaria que amenaza con desatar nuevos espirales de inflación.

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