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El desabastecimiento de gasolina llega a Moscú y obliga a los gigantes digitales a vetar el mercado negro

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Surtidores y letrero de precios en una estación de servicio de la compañía petrolera rusa Tatneft en una calle de Moscú.
Una estación de servicio de la petrolera rusa Tatneft en Moscú, donde las restricciones y el repunte de precios han comenzado a alterar el suministro. (Foto: Getty Images)

El paraguas de normalidad con el que el Kremlin intenta proteger a sus ciudadanos de los efectos de la guerra se ha agrietado en el mercado digital. Los gigantes rusos del comercio electrónico y los anuncios clasificados —Avito, Ozon y Wildberries— han comenzado a bloquear y retirar de forma fulminante la reventa privada de gasolina en sus plataformas. Es la respuesta de emergencia ante una crisis de desabastecimiento de combustible que ya golpea el corazón de Rusia.

El Servicio Federal Antimonopolio (FAS) ruso confirmó que interviene directamente en los portales tecnológicos para frenar la especulación en un mercado negro naciente. Según reveló el diario The Moscow Times, la orden responde a un súbito y masivo repunte de ofertas de particulares que acaparaban carburante para revenderlo a precios inflados, un síntoma inequívoco del pánico que se extiende entre los consumidores ante los crecientes fallos en el suministro nacional.

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El mercado negro digital asoma en Moscú ante el repunte de precios

La respuesta de los gigantes tecnológicos ante el desabastecimiento evidencia el nivel de alarma en el sector comercial. La plataforma Avito ha optado por ocultar temporalmente todos los anuncios de comercio de carburantes mientras redefine a contrarreloj las reglas de moderación para esta categoría. El alcance del problema quedó al descubierto la semana pasada, cuando una búsqueda del término "Gasolina" en su portal arrojó 740 ofertas activas, de las cuales más de 400 correspondían a revendedores particulares y el resto a entidades corporativas que buscaban esquivar los canales oficiales de distribución.

En una línea aún más restrictiva, los gigantes del comercio electrónico Ozon y Wildberries han impuesto un veto absoluto a la comercialización de combustibles. Ambas compañías han automatizado sus sistemas para que cualquier intento de publicar un anuncio de venta sea bloqueado de inmediato en la fase de moderación previa, impidiendo que las ofertas lleguen a ser visibles para el público.

Estas drásticas medidas de contención coinciden con una escalada en los precios de los carburantes que afecta a todo el país, con especial virulencia en la región metropolitana de la capital. Entre el 15 y el 19 de junio, el precio medio de la gasolina en el óblast de Moscú experimentó un crecimiento abrupto, lo que ha encendido las alarmas del Kremlin ante el temor de que la inflación y la escasez de un recurso estratégico erosionen la percepción de estabilidad interna.

El racionamiento federal y la parálisis del suministro en Crimea

Las métricas del mercado energético reflejan la gravedad de una crisis que ha dejado de ser silenciosa. Entre marzo y mediados de junio, el precio de la gasolina AI-95 en Moscú registraba incrementos paulatinos de entre 0,05 y 0,5 rublos semanales. Sin embargo, la última semana rompió esa tendencia con un salto abrupto de 1,76 rublos, catapultando el coste del litro hasta los 75,33 rublos (1,02 dólares). Una distorsión idéntica sufrió la variedad AI-92, cuyo precio se disparó 2,07 rublos en apenas siete días, situándose en 67,95 rublos (0,92 dólares) por litro, frente a los repuntes previos que apenas rozaban el medio rublo.

El epicentro del desabastecimiento más severo se localiza en la península ocupada de Crimea. Tras los recientes impactos de precisión ejecutados por las fuerzas de defensa de Ucrania contra las terminales y depósitos de almacenamiento de petróleo, la venta de combustible a ciudadanos y empresas privadas ha quedado completamente paralizada. La vulnerabilidad de este enclave estratégico expone las dificultades logísticas que afronta el Kremlin para sostener el suministro civil y militar en los territorios ocupados de forma simultánea.

La campaña sostenida de ataques ucranianos contra las refinerías de Rusia ha trasladado el problema de la escasez a una escala federal. Las principales cadenas de estaciones de servicio, que controlan aproximadamente una cuarta parte de los surtidores de todo el país, se han visto obligadas a racionar la venta de gasolina y gasóleo. Según una investigación difundida por el medio independiente Agentstvo, se han documentado restricciones de diversa gravedad en más de 70 regiones rusas, afectando a núcleos urbanos neurálgicos como San Petersburgo, Kursk, Belgorod, Rostov, Samara y la propia capital, Moscú.

Esta asfixia en el suministro ha forzado a los mayores operadores petroleros del mercado interior a contraer de urgencia sus volúmenes de venta para contener las compras de pánico entre los conductores. La medida de contención afecta ya a un mínimo de 7.000 gasolineras de las casi 29.000 que operan en todo el territorio de Rusia, lo que confirma cómo la guerra de desgaste sobre la infraestructura energética diseñada por Kyiv ha conseguido alterar la normalidad de la vida cotidiana y la estabilidad económica rusa.

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