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Los beneficios de las empresas rusas caen a su nivel más bajo desde la pandemia por el impacto de la guerra

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Ilustración conceptual sobre la propuesta del Kremlin de aplicar un impuesto del 20% a los beneficios extraordinarios de las grandes empresas para financiar el presupuesto estatal.
Ilustración conceptual sobre el impuesto del 20% a los beneficios extraordinarios que proyecta el Kremlin sobre las grandes empresas para cubrir el coste de la invasión. (Foto: Oleksandr Manukians / UNITED24 Media)

Los beneficios netos de las empresas rusas han sufrido un severo deterioro en los siete primeros meses del año, tras acumular un saldo positivo de 13 billones de rublos (unos 135.000 millones de euros). Según los datos oficiales difundidos por el instituto nacional de estadística Rosstat y recogidos por The Moscow Times, la diferencia entre las ganancias de las compañías con números verdes y las pérdidas de las deficitarias cae a su nivel más bajo desde los meses de confinamiento por la pandemia en 2020.

El retroceso financiero de las grandes y medianas firmas de Rusia evidencia el desgaste acumulado por la economía de Moscú bajo la presión de las sanciones occidentales y el sobrecoste derivado de la invasión de Ucrania. Las cifras publicadas por Rosstat constatan que el aumento de los costes operativos y las restricciones de acceso al capital extranjero han comenzado a erosionar los márgenes del tejido empresarial ruso a un ritmo no visto en los últimos seis años.

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Inflación, caída del consumo y pérdidas al alza en el tejido productivo

Las cifras revelan una contracción estructural más severa al medir el impacto de la inflación. Las ganancias corporativas se redujeron un 15,7% en términos nominales en comparación con el mismo periodo del año anterior, una caída que alcanza el 21% en términos reales. Frente a los niveles previos al inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2021, los beneficios netos de las empresas se han desplomado un 44%, lo que evidencia el distanciamiento definitivo de los niveles de rentabilidad anteriores a la guerra.

El deterioro se extiende por todo el tejido empresarial. Las ganancias de las firmas rentables cayeron un 5,3% interanual, mientras que los números rojos de las compañías deficitarias se dispararon un 25,6%. En la actualidad, una de cada tres empresas en Rusia opera con pérdidas, lo que reduce la cuota de negocios rentables al 66,6%, un porcentaje muy próximo al 65,7% registrado durante la crisis sanitaria de 2020. Las encuestas sectoriales señalan una debilidad generalizada de la demanda interna como el factor principal que ha frenado en seco el crecimiento económico del país.

Una pinza de costes y tipos altos que frena la inversión

El estrangulamiento de los márgenes responde a una pinza económica cada vez más ajustada. Las empresas se ven asfixiadas por una inflación persistente, el incremento de las cargas fiscales y unos costes laborales al alza para sostener la escasez de mano de obra en un país volcado en la economía de guerra. A esta presión se suma la política monetaria restrictiva: con un tipo de interés oficial elevado para frenar los precios, la financiación externa resulta prohibitiva. Como señala el economista Dmitri Polevoy, las dificultades de la demanda interna impiden a las compañías trasladar este aumento de los costes operativos al consumidor final.

La pérdida de rentabilidad amenaza con paralizar el desarrollo futuro del sector productivo ruso. Desde Alfa Capital, el analista Alexey Klimyuk advierte de que la merma de recursos propios, combinada con el encarecimiento del crédito, deja a los empresarios sin capacidad de maniobra para acometer nuevas inversiones. Este estancamiento de la actividad inversora consolida un escenario de desaceleración profunda, en el que el tejido empresarial ruso agota las reservas acumuladas al inicio de la invasión de Ucrania y afronta un horizonte de atonía económica prolongada.

Una pinza de costes y tipos altos que aboca al estancamiento

El estrangulamiento de los márgenes responde a una pinza económica cada vez más ajustada. Las empresas se ven asfixiadas por la inflación, el aumento de la presión fiscal y unos costes laborales al alza: según Rosstat, los salarios nominales crecieron un 12,2% entre enero y julio (un 6% en términos reales), impulsados por la escasez de mano de obra en un país volcado en la economía de guerra. Aunque analistas de Promsvyazbank apuntan a que el consumo de los hogares aún sostiene la actividad y evita una recesión formal, monetizar esa demanda resulta complejo. En el sector minorista, los beneficios cayeron un 20% interanual. Como señala el economista Dmitri Polevoy, las empresas encuentran serias barreras para trasladar el aumento de los costes al consumidor final.

La pérdida de rentabilidad amenaza con paralizar la inversión privada, un factor de riesgo que los analistas del Instituto de Predicción Económica de la Academia Rusa de Ciencias identifican como vital para el futuro del país. Desde Alfa Capital, el experto Alexey Klimyuk advierte de que el encarecimiento del crédito, con tipos de interés en máximos, deja a los empresarios sin margen de maniobra. Sin recursos internos ni financiación asequible, el tejido productivo ruso agota las reservas acumuladas tras la invasión de Ucrania y se adentra en una fase de estancamiento prolongado.

Del auge del formato 'discount' al hachazo fiscal para financiar la guerra

El estrangulamiento de los márgenes responde a una pinza económica cada vez más ajustada. Las empresas se ven asfixiadas por la inflación, la presión fiscal y unos costes laborales al alza: según Rosstat, los salarios nominales crecieron un 12,2% entre enero y julio (un 6% en términos reales), impulsados por la escasez de mano de obra en un país volcado en la economía de guerra. Aunque analistas de Promsvyazbank señalan que el consumo aún evita una recesión formal, las familias muestran una severa sensibilidad a los precios. Según Gazprombank, el volumen de ventas migra aceleradamente hacia las plataformas de comercio electrónico y las tiendas de descuento, que acapararon el 94% del nuevo espacio comercial abierto en el primer trimestre. En el sector minorista tradicional, las ganancias cayeron un 20% interanual.

A la contención del consumo se suma la ofensiva recaudatoria del Ejecutivo ruso. Ante el déficit provocado por la invasión de Ucrania, el Gobierno prepara un nuevo impuesto obligatorio sobre los beneficios extraordinarios del gran tejido empresarial. Frente a las aportaciones voluntarias sugeridas por algunos oligarcas, la medida prevé aplicar una tasa de hasta el 20% —el doble que en 2023— sobre los resultados financieros de 2025 que superen la media de 2018-2019. La combinación de esta presión fiscal con la pérdida de rentabilidad que los analistas del Instituto de Predicción Económica de la Academia Rusa de Ciencias consideran crítica amenaza con congelar la inversión privada y precipitar al país hacia una fase de estancamiento prolongado.

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