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El problema de seguridad satelital de Europa tiene nombre: el satélite ruso Luch-2

Satélite ruso Luch-2 en órbita, señalado como riesgo para la seguridad espacial europea.

Las agencias europeas informan de que el satélite ruso Luch-2 está interfiriendo con los satélites de telecomunicaciones europeos, aprovechando enlaces no cifrados utilizados en parte por instituciones de seguridad, y no existe una solución sencilla.

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Según informó NZZ el 22 de marzo, un satélite ruso está siguiendo de cerca a los satélites de comunicaciones europeos y aprovechando los canales no cifrados utilizados, al menos en parte, por las instituciones de seguridad europeas, incluida la Bundeswehr alemana.

El informe se centra en Luch-2, un satélite ruso lanzado en marzo de 2023 a una órbita geoestacionaria  a una altitud de aproximadamente 35.700 kilómetros sobre el ecuador.

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Tras posicionarse inicialmente a miles de kilómetros al oeste de Intelsat-39, el satélite se desplazó gradualmente hacia varias plataformas de comunicaciones europeas y ahora se encuentra cerca de Intelsat-39, un satélite civil que proporciona cobertura de internet y telefonía móvil en Europa y partes de África.

Según el informe, la proximidad del satélite permite a Rusia interceptar las comunicaciones enviadas entre la Tierra e Intelsat-39, ya que dichas transmisiones no están cifradas.

Según se informa, representantes militares y agencias de seguridad europeas utilizan este tipo de satélites civiles, al menos en parte, debido a la escasez de alternativas seguras.

El comunicado señalaba que la Bundeswehr (Fuerzas Armadas de Alemania) se encuentra entre los usuarios de Intelsat-39, aunque el contenido exacto de sus comunicaciones satelitales no se conoce públicamente.

La amenaza podría ir más allá de la vigilancia. El informe indicaba que los expertos creen que Luch-2 también podría interceptar las señales de control enviadas desde estaciones terrestres a satélites como Intelsat-39, lo que plantea la posibilidad de que operadores rusos puedan imitar esos comandos e interrumpir o incluso inutilizar un satélite.

«Si Rusia manipulara o incluso destruyera satélites de comunicaciones europeos, constituiría un ataque contra la infraestructura crítica de Europa», afirma el informe.

El caso también apunta a una arquitectura de inteligencia rusa más amplia en Europa, que se extiende mucho más allá de la actividad en órbita.

Un nuevo informe del Financial Times cita a Viena como un nodo central para la actividad de inteligencia rusa en Europa, describiendo un amplio esfuerzo de recopilación de señales basado en una cobertura diplomática, vigilancia técnica y un espacio operativo consolidado en Austria.

La implicación más amplia es que el espionaje ruso en Europa sigue dependiendo de una infraestructura sólida en lugar de actos encubiertos aislados, y Viena se posiciona como uno de sus puestos de escucha más útiles.

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Una órbita en la que un satélite permanece fijo sobre el mismo punto de la Tierra mientras el planeta gira.

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