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El petrolero que se volvía invisible para esquivar las sanciones: así atacó Ucrania al WEST Horizon

Las fuerzas ucranianas han atacado en el mar Negro el petrolero WEST Horizon, un buque de la llamada "flota fantasma" con la que Rusia esquiva las sanciones a su petróleo. Así lo informó el Estado Mayor General de Ucrania este 10 de junio.
Según el comunicado militar, el golpe causó daños confirmados en los sistemas de propulsión y de dirección del buque, esenciales para su navegación.
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Un petrolero sancionado al servicio del crudo ruso
Según mandos militares ucranianos, el WEST Horizon se emplea en esquemas para transportar petróleo y derivados eludiendo las sanciones y restricciones impuestas a Rusia. No es un barco cualquiera: ya figuraba en varias listas negras.
Se trata de un petrolero químico con un peso muerto superior a las 50.000 toneladas, según RBC-Ukraine. El buque está sancionado por el Reino Unido, Ucrania y Australia por su implicación en el transporte de crudo ruso al margen de las restricciones internacionales.
El ataque encaja en una estrategia más amplia. La "flota fantasma" es el conjunto de petroleros —a menudo viejos, con seguros opacos y titularidad difusa— que Rusia utiliza para seguir vendiendo su crudo sorteando el tope de precios y las sanciones occidentales. Golpear uno de esos buques no solo inutiliza un barco: encarece y vuelve más arriesgado todo el sistema con el que Moscú financia su guerra.

El buque está asociado a la empresa turca Beks, integrada en los negocios del empresario turco Ali Bekmezci. Según el medio, el petrolero había hecho escala anteriormente en varios puertos rusos —entre ellos Novorossiysk, Tuapse y San Petersburgo— y en numerosas ocasiones desactivó su transpondedor AIS, al parecer para ocultar sus movimientos.
Además, este 10 de junio un misil de crucero ucraniano FP-5 "Flamingo" alcanzó la planta de electrónica de defensa VNIIR-Progress, en la ciudad rusa de Cheboksary (República de Chuvasia). La instalación es conocida por fabricar sistemas de navegación y antenas que Rusia emplea en una amplia gama de plataformas militares, incluidos drones, misiles y bombas aéreas guiadas.
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El cerebro de los misiles rusos, a 1.000 km del frente
El objetivo no estaba cerca del frente. La planta de VNIIR-Progress se levanta a unos 1.000 kilómetros de la frontera ucraniana, en plena retaguardia rusa, y fabrica receptores de navegación por satélite y sistemas de antena compatibles con GLONASS, GPS y Galileo.
Ahí reside su valor como blanco. Según el Estado Mayor General de Ucrania, la fábrica produce los módulos de navegación de la serie Kometa, la pieza que da guiado por satélite a buena parte del arsenal de precisión ruso: los drones de ataque Shahed, los misiles balísticos Iskander-M, los misiles de crucero Kalibr y los kits UMPK que convierten bombas convencionales en armas planeadoras guiadas. Son, además, módulos diseñados para mantener la navegación pese a las interferencias electrónicas ucranianas. Golpear la planta no inutiliza un solo misil: ataca el componente que hace certero a todo un catálogo de armas.
El cómo tampoco es menor. El Estado Mayor confirmó que la operación la ejecutaron las Fuerzas de Misiles y Artillería del Ejército de Tierra ucraniano con misiles de crucero FP-5 "Flamingo" de fabricación nacional. Que Ucrania alcance un objetivo a mil kilómetros de su frontera con un misil propio es, en sí mismo, una señal: su capacidad de ataque en profundidad ha madurado.

La alarma llega hasta Siberia
Los ataques no fueron un episodio local. Coincidieron con alertas en varias regiones rusas, y una destacó sobre el resto: la región de Omsk, en plena Siberia y a más de 2.500 kilómetros de la frontera ucraniana, activó una alerta de misiles por primera vez desde el comienzo de la invasión a gran escala.
El aviso llegó a los habitantes a las 10:28 hora local, mediante mensajes SMS enviados a los móviles. Las televisiones locales interrumpieron su programación para difundir una alerta general de ataque aéreo en toda la región.
Que Omsk no fuera necesariamente alcanzada es lo de menos: lo relevante es que la alarma sonara allí. La distancia que durante años mantuvo a salvo el interior profundo de Rusia ha dejado de ser una garantía, al menos en la percepción de quien decide cuándo hacer sonar las sirenas.
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