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Ucrania ataca una fábrica clave de electrónica militar en Rusia y frena la producción de misiles

Inutilizar la fábrica VNIIR-Progress equivale a cegar los misiles y drones rusos en el frente. Este complejo militar es el encargado de producir los componentes de navegación que evitan que los ataques de Moscú sean desviados por la guerra electrónica. Consciente de esta debilidad estructural, el ejército de Ucrania fijó el recinto como un objetivo de máxima prioridad, logrando un impacto directo en sus hangares tras lanzar un ataque de penetración profunda con el misil de largo alcance Flamingo.
En la mañana del 10 de junio, medios de comunicación rusos y canales de Telegram comenzaron a informar sobre ataques con misiles ucranianos contra la ciudad de Cheboksary, sede de VNIIR-Progress, una instalación de gran importancia para la industria de defensa rusa. Al momento de la publicación, se desconocían las consecuencias del ataque, ya que Rusia intenta mantener esta información en secreto. Hasta el momento, se informó que el ataque provocó un incendio, y las imágenes disponibles sugieren que la instalación sufrió daños considerables.
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Vídeos de código abierto que circulan en internet sugieren que el ataque se llevó a cabo con el misil de crucero FP-5 Flamingo de Ucrania. El misil Flamingo es un arma de fabricación nacional que se utiliza contra objetivos dentro de Rusia desde 2025. Según el fabricante, tiene un alcance de más de 1000 kilómetros.

La planta ya había sido blanco de ataques por parte de Ucrania: se registraron ataques exactamente un año antes, en 2025. Algunas secciones de producción se paralizaron, aunque no por mucho tiempo.
Para Ucrania, la planta es un objetivo de suma importancia, ya que sus productos se encuentran entre los componentes más críticos utilizados en el armamento ofensivo ruso.
¿Qué se fabrica en VNIIR-Progress? Los componentes de los misiles rusos
VNIIR-Progress es una planta de electrónica que fabrica componentes de precisión utilizados en armamento ruso, incluyendo drones Shahed, misiles Iskander, bombas planeadoras y otros sistemas de ataque aéreo guiado.
Uno de sus productos más importantes es el módulo Kometa. Los soldados y especialistas en electrónica ucranianos lo conocen bien, ya que estos módulos se encuentran con frecuencia en drones Shahed derribados y otras armas.
Kometa es un tipo de antena, más precisamente, una CRPA (Antena de Patrón de Recepción Controlado). Su función es ayudar a las armas a mantener la navegación por satélite incluso bajo los efectos de la guerra electrónica.
El propósito de Kometa es filtrar las interferencias y las señales GPS/GLONASS falsas generadas por los sistemas de guerra electrónica ucranianos. Sin esta protección, un dron o misil tiene muchas más probabilidades de perder la navegación o desviarse de su ruta.
El desarrollo de este tipo de antena es sumamente complejo y requiere mucho tiempo, y contrarrestarlas es difícil. Rusia, por su parte, ha seguido invirtiendo en mejoras. Al comienzo de la guerra, muchos drones Shahed utilizaban antenas de cuatro elementos. Posteriormente, aparecieron versiones de ocho, doce e incluso dieciséis elementos, lo que las hizo significativamente más resistentes a las interferencias.

La existencia de estas antenas es una de las razones por las que contrarrestar a los Shaheds es tan difícil, incluso con un gran número de sistemas de supresión, suplantación y bloqueo en funcionamiento.
Atacar la causa, no la consecuencia: La estrategia de Ucrania contra la logística rusa
Contrarrestar los sistemas de ataque aéreo rusos representa un desafío constante para las defensas aéreas ucranianas, especialmente durante ataques masivos que involucran cientos de armas simultáneamente. Por ejemplo, un ataque en mayo duró 30 horas, con el lanzamiento de más de 1500 drones y misiles. Si bien la mayoría fueron interceptados, supuso una enorme carga para las fuerzas de defensa aérea, que tuvieron que operar prácticamente sin interrupción.
Por ello, Ucrania busca constantemente maneras no solo de contrarrestar los ataques aéreos con defensas aéreas, sino también de eliminar la causa de dichos ataques. En otras palabras, reducir la capacidad de Rusia para llevarlos a cabo.
A principios de marzo de 2026, misiles Storm Shadow impactaron la planta Kremniy El en Bryansk, que también producía componentes para misiles rusos. A mediados de mayo del mismo año, un ataque alcanzó Zelenograd, en la región de Moscú, otro centro de instalaciones científicas y de producción, incluidas las vinculadas a la industria de defensa rusa.
El ataque a VNIIR-Progress representa otro golpe contra esta cadena de suministro de componentes de alta precisión utilizados en drones y misiles rusos. Si la planta deja de suministrar sus antenas, Rusia aún podrá lanzar misiles Shahed e Iskander contra Ucrania, pero serán más fáciles de contrarrestar, lo que se traducirá en menos daños a las ciudades civiles y a la infraestructura crítica.
Por ello, una de las prioridades del nuevo liderazgo del Ministerio de Defensa de Ucrania es la economía: Rusia debe ser detenida no solo en el aire y en tierra, sino también mediante medidas que le impidan sostener operaciones ofensivas. Esto incluye la destrucción de las fuentes de ingresos que financian la guerra, en concreto, la industria petrolera y gasística del país, que la abastece.
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