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¿Habrá una nueva movilización en Rusia? El costo económico que el Kremlin no podrá pagar

Mientras el Kremlin proyecta fuerza hacia el exterior con asaltos masivos, internamente se enfrenta a un escenario de fractura. Una nueva ola de movilización en Rusia podría desencadenar una crisis económica a gran escala con consecuencias irreversibles y a largo plazo para el país, según advirtió el Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania este 13 de mayo.
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Esta evaluación se apoya en análisis de expertos que pronostican un deterioro severo de los indicadores macroeconómicos rusos si el régimen de Putin decide lanzar otra campaña de reclutamiento forzoso. De acuerdo con los servicios de inteligencia, la economía rusa ya transita por una fase de recesión —caracterizada por un profundo estancamiento y la desaceleración de la actividad productiva—, y la presión de una movilización adicional podría empujarla al abismo de un colapso prolongado.

Uno de los riesgos más críticos señalados por los analistas es la agudización de la escasez de mano de obra. La guerra moderna, subrayan, no se sostiene únicamente con "carne de cañón", sino que depende vitalmente de personal cualificado capaz de mantener sistemas técnicos, redes de comunicaciones y equipos de guerra electrónica.
A este déficit de capital humano se suma el riesgo de una nueva fuga masiva de cerebros. Los expertos advierten que una nueva orden de movilización detonaría otra gran oleada de emigración. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido tras la llamada a filas de 2022 —cuando algunos ciudadanos terminaron regresando—, esta nueva ronda provocaría un éxodo permanente de especialistas altamente cualificados, vaciando de forma irreversible el músculo económico y tecnológico de Rusia.
"Además, hay que destacar las graves dificultades financieras de Rusia. El déficit presupuestario ya ha superado de forma drástica los niveles previstos, mientras que el coste de mantener a cientos de miles de efectivos movilizados exigiría un nivel de gasto completamente insostenible", sentenció el Servicio de Inteligencia Exterior.

Esta frágil situación económica choca directamente con la desesperación de las autoridades regionales rusas, que ahora buscan exprimir al sector privado para alimentar la maquinaria bélica. La carga de reponer las diezmadas tropas en el frente ha desbordado los sistemas tradicionales de alistamiento militar, obligando al Estado a tomar medidas de corte totalitario.
Un claro ejemplo de esta coerción estatal ocurre en la región rusa de Riazán, donde las autoridades han impuesto a las empresas locales la obligación de identificar y entregar candidatos para el servicio militar bajo contrato. Según un decreto regional revelado por el Conflict Intelligence Team y firmado por el gobernador Pável Malkov, el gobierno ha establecido un sistema de "cuotas de sangre" basadas en el tamaño de la plantilla empresarial:
Las empresas de 150 a 300 empleados deben entregar al menos dos candidatos.
Las empresas de 300 a 500 empleados deben entregar al menos tres candidatos.
Las empresas con más de 500 empleados están obligadas a identificar a cinco candidatos.
Esta normativa draconiana se aplica a todas las empresas, sin importar si son públicas o privadas, y estará vigente desde el 20 de marzo hasta el 20 de septiembre de este año.
La imposición de estas cuotas empresariales revela el verdadero costo humano de las ambiciones del Kremlin. A nivel general, Rusia planea reclutar a 409.000 militares adicionales a lo largo de este 2026 en un intento por sostener e intensificar sus operaciones en la línea de contacto, según alertó el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Oleksandr Syrskyi. Un esfuerzo bélico masivo que, paradójicamente, amenaza con destruir su propia retaguardia económica.
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