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Japón quiere fabricar 80.000 drones militares al año impulsado por las lecciones de la guerra en Ucrania

Japón está acelerando sus planes para adquirir y desarrollar drones de última generación, intensificando para ello su cooperación con Ucrania y estudiando minuciosamente las lecciones sobre el terreno de la guerra provocada por la invasión de Rusia, según informó el diario South China Morning Post.
Este giro estratégico busca desplegar de forma masiva sistemas no tripulados en el propio territorio japonés para blindar su seguridad frente a las tensiones en el Indopacífico. En este escenario, las empresas ucranianas han tomado la iniciativa y han comenzado a ofrecer a potenciales socios en Tokio sus tecnologías de drones, las cuales ya han sido testadas con éxito y probadas en combate real contra las fuerzas del líder ruso.
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Alianzas industriales y el cambio en las reglas de la guerra
Los contactos bilaterales ya se están traduciendo en propuestas firmes sobre la mesa. El pasado mes de abril, el director ejecutivo de la compañía ucraniana UFORCE viajó a Japón para presentar a altos cargos del Gobierno y a contratistas de la industria de defensa una ambiciosa propuesta: fabricar miles de drones destinados a la protección del archipiélago nipón y a la de sus aliados internacionales.
Este acercamiento responde a una transformación radical en las tácticas militares globales. Masayuki Masuda, director de la división de estudios sobre China del Instituto Nacional de Estudios de Defensa de Japón —el laboratorio de ideas oficial del Ministerio de Defensa de Tokio—, analizó el alcance de esta cooperación.
“Toda la comunidad internacional ha sido testigo de cómo han cambiado las reglas de la guerra desde el inicio del conflicto en Ucrania. Japón, al igual que otros países, presta ahora una atención absoluta al desarrollo de los vehículos aéreos no tripulados (UAV), que asumirán una parte muy significativa de las misiones de combate en los campos de batalla del futuro”.
Masayuki Masuda
Director de la división de estudios sobre China del Instituto Nacional de Estudios de Defensa de Japón
El objetivo de Tokio: 80.000 drones al año y una gran alianza con Europa
Las cifras actuales de la industria nipona están muy lejos de las necesidades que exige el nuevo escenario de defensa. Según datos de la Cámara de Comercio de Ucrania en Japón, el país asiático apenas produce en la actualidad unos 1.000 drones de uso militar al año, un volumen que las autoridades locales consideran totalmente insuficiente y que planean disparar a corto plazo.
De hecho, el pasado 9 de junio, el gobernante Partido Liberal Democrático de Japón aprobó un ambicioso plan estratégico que fija como meta la producción de cerca de 80.000 drones anuales para el año 2030, si bien el nivel de financiación definitivo para este despliegue masivo aún está pendiente de aprobación presupuestaria.

Este esfuerzo de rearme tecnológico no se limita a la colaboración con las firmas ucranianas. El pasado 26 de junio, el gigante aeroespacial europeo Airbus anunció la firma de un memorando de entendimiento con la japonesa Kawasaki Heavy Industries para desarrollar conjuntamente vehículos aéreos no tripulados especializados en la guerra antisubmarina.
Esta nueva aeronave no tripulada tomará como base el diseño del Eurodrone (el modelo U950), una imponente plataforma aérea que cuenta con una envergadura de 26 metros y es capaz de alcanzar una velocidad máxima de 500 km/h. Este modelo, que se está desarrollando actualmente para las Fuerzas Armadas de Alemania, Francia, Italia y España, tiene la capacidad de transportar hasta 2.300 kilos de carga útil, incluyendo misiles y bombas guiadas por láser, lo que dotará a Tokio de una disuasión letal en las disputadas aguas del Pacífico.

La desconexión de China y el gran rearme de cara a 2027
Detrás de este acercamiento también existe una necesidad urgente de romper la dependencia de las cadenas de suministro de Pekín. Las empresas ucranianas están trabajando a contrarreloj para asegurar componentes críticos de drones en mercados aliados de Asia Oriental. El gobierno de China fabrica una gran parte de las piezas globales de estos aparatos y ha introducido severas restricciones de exportación. Sin embargo, muchos de estos elementos tecnológicos —como cámaras de alta resolución, microelectrónica y sensores clave— también se producen en Japón y Taiwán, lo que convierte a estas democracias asiáticas en los proveedores alternativos perfectos para Kyiv.
Esta alianza coincide de lleno con el histórico plan de rearme de Japón, diseñado para completarse de forma definitiva en el año 2027 tras un esfuerzo presupuestario de un lustro. El programa militar de Tokio incluye el despliegue de capacidades de ataque a larga distancia (stand-off), redes avanzadas de defensa antimisiles y una enorme flota de sistemas no tripulados que abarca drones aéreos, vehículos terrestres robotizados y submarinos autónomos.
La sintonía entre ambos bloques ya ha dejado imágenes de un fuerte calado político: Japón envió por primera vez a oficiales de sus Fuerzas de Autodefensa al comando de apoyo a Ucrania de la OTAN en Alemania. Este despliegue supuso un paso definitivo en la histórica integración de la política de seguridad de Tokio con la Alianza Atlántica, demostrando que la guerra de agresión iniciada por el líder ruso ha remodelado por completo los equilibrios de defensa mucho más allá de las fronteras de Europa.
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