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Cómo se prepara China para la era pos-Putin: la estrategia silenciosa de Pekín dentro de Rusia

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El líder ruso Vladímir Putin y el presidente chino Xi Jinping durante una ceremonia oficial de bienvenida al aire libre en Pekín.
El líder ruso, Vladímir Putin, y el presidente chino, Xi Jinping, asisten a una ceremonia de bienvenida en Pekín durante la visita de Estado del mandatario ruso, el 20 de mayo de 2026. (Foto: Getty Images)

China está ampliando de forma discreta sus vínculos políticos e institucionales dentro de Rusia más allá de Vladímir Putin y su círculo de confianza más cercano. Con esta estrategia, Pekín busca consolidar relaciones con funcionarios y miembros de la élite gobernante rusa que podrían moldear el rumbo del país una vez que Putin abandone el poder.

Esta maniobra silenciosa refleja un intento de asegurar la influencia china a largo plazo y proteger sus intereses estratégicos frente a cualquier posible transición política o de liderazgo en Moscú durante los próximos años.

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La diplomacia discreta de Pekín ante una eventual transición en Moscú

Según informa The Wall Street Journal, citando a funcionarios y exfuncionarios en activo, analistas y fuentes familiarizadas con el asunto, Pekín está expandiendo su influencia en todo el aparato político de Rusia, al tiempo que evita movimientos públicos que puedan ser interpretados como un intento de restar autoridad a Vladímir Putin.

Los diplomáticos y estrategas chinos contemplan cada vez más a Rusia como un socio estratégico a largo plazo cuyo escenario político podría cambiar en el futuro. Esta perspectiva ha empujado a Pekín a cultivar vínculos de manera discreta con figuras clave situadas fuera del liderazgo inmediato del Kremlin, asegurando canales de interlocución con la futura élite del país.

La dependencia económica de Moscú y las cesiones en Asia Central

The Wall Street Journal revela que Moscú se muestra cada vez más reacio a abordar públicamente los presuntos casos de espionaje o captación de funcionarios rusos por parte de Pekín, ante el temor de dañar la sintonía bilateral.

Esta cautela responde a la profunda dependencia económica de Rusia respecto a China, intensificada tras la invasión de Ucrania y la ruptura de relaciones con Occidente. Pekín representa ya cerca del 40% del comercio exterior ruso —frente al 10% registrado en 2013—, mientras que Rusia apenas supone menos del 4% del intercambio comercial global del gigante asiático.

Esta asimetría ha permitido a Pekín arrancar importantes concesiones a Moscú en regiones de influencia histórica como Asia Central. Diplomáticos y asesores del Ejecutivo chino citados por el diario estadounidense señalan que Rusia ha terminado por retirar su histórica oposición a que el yuan sea utilizado como divisa principal en el futuro banco de desarrollo de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Este giro estratégico evidencia el creciente aislamiento financiero ruso bajo la presión de las sanciones occidentales..

El bloqueo del gasoducto Fuerza de Siberia 2 y el temor a la subordinación

Las negociaciones sobre el proyectado gasoducto Fuerza de Siberia 2 representan otro ejemplo claro del peso que Pekín ejerce sobre el Kremlin. Según detalla The Wall Street Journal, los funcionarios chinos han exigido a Rusia que venda el gas natural a precios equivalentes a los de su mercado interno subsidiado, advirtiendo a los representantes del gigante estatal Gazprom de que no retomen el asunto hasta que Moscú acepte dichas condiciones. Debido a esta exigencia, no se llegó a firmar ningún acuerdo sobre la infraestructura durante la última visita oficial de Vladímir Putin a China.

Alexander Gabuev, director del Carnegie Russia Eurasia Center en Berlín, analizó la situación para el rotativo estadounidense: "China tiene una oportunidad realmente formidable de convertir a Rusia en una especie de Laos o Pakistán gigante. Es decir, un país mucho más dependiente de Pekín, mucho más estrechamente vinculado a él y mucho más propenso a ver a China como su modelo y fuente de ideas sobre la modernidad".

El dilema de Xi Jinping: una Rusia débil pero útil frente a Occidente

El empresario alemán Jörg Wuttke cuestionó la motivación de Pekín para dar luz verde al proyecto del gasoducto y describió la dinámica de poder con dureza: "Xi recibió a Putin como un emperador recibe a un invitado en su castillo, y lo mandó de vuelta a casa".

Según detalla The Wall Street Journal, Pekín mantiene su estrategia de expandir los lazos económicos con Moscú, pero con la precaución de evitar cualquier paso que pueda exponer a las instituciones financieras chinas a las sanciones secundarias de Occidente. En este escenario, el proyecto del gasoducto Fuerza de Siberia 2 sigue estancado debido a que la fijación del precio del gas continúa siendo el principal escollo en la mesa de negociación.

En esta misma línea, el politólogo Alexander Motyl señaló en un análisis para The Hill que el escenario ideal para el régimen chino no contempla una victoria contundente de Rusia ni su derrota definitiva. Para Pekín, el resultado más favorable es una Rusia debilitada que dependa de forma creciente de China mientras sigue absorbiendo la atención estratégica y los recursos de Estados Unidos.

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