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El líder ruso apela al riesgo de una «élite intelectual» para justificar el control estatal de la IA

El líder ruso, Vladímir Putin, ha sostenido que el avance acelerado de la inteligencia artificial no debe consolidar una fractura social entre una «élite intelectual» capacitada para el pensamiento crítico y el resto de la población, cuyo desarrollo cognitivo podría quedar relegado a un segundo plano.
Durante su intervención en la sesión plenaria del Foro Valdái el pasado 1 de octubre, el mandatario abordó los riesgos éticos y sociales derivados de las tecnologías algorítmicas, según informó The Moscow Times. Sin embargo, detrás de esta apelación a evitar la desigualdad cognitiva, la retórica del Kremlin sienta las bases para justificar una mayor intervención pública en la tecnología, enmarcando el debate sobre la inteligencia artificial no solo como un reto educativo o ético, sino como una cuestión de seguridad estatal y supervisión política.
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Entre la soberanía digital y el control estatal de la tecnología
Durante su intervención, el líder ruso recurrió a las advertencias de diversos expertos para señalar que la inteligencia artificial corre el riesgo de convertirse en un intento de «reducir a todo el mundo a un denominador común», alertando sobre la estandarización del pensamiento.
Al abordar la soberanía digital, el mandatario sostuvo que la progresiva digitalización de las estructuras estatales obliga a los Gobiernos a equilibrar la apertura tecnológica con la seguridad nacional y la identidad cultural, sin caer en el aislamiento internacional. Sin embargo, diversos analistas señalan que este enfoque trasluce una intención más profunda: utilizar la retórica del control de riesgos y la protección de valores para centralizar la inteligencia artificial bajo la tutela directa del Estado, convirtiéndola en un instrumento estratégico de gestión pública y control de la información.

El marco legal para someter la IA al control del Kremlin
Esta visión conceptual se concreta en el plano legislativo con la aprobación en la Duma Estatal, de una nueva ley sobre el desarrollo de la inteligencia artificial. La norma introduce por primera vez en el ordenamiento jurídico de Rusia las definiciones de modelos «soberanos» y «nacionales», exigiendo de forma obligatoria que ambas categorías se ajusten a los «valores espirituales y morales tradicionales» fijados por el Estado.
El texto legal establece que los modelos soberanos deben ser creados íntegramente por empresas locales, restringiendo el desarrollo, el entrenamiento algorítmico y el almacenamiento de datos a centros de procesamiento situados en territorio ruso. Por su parte, los modelos nacionales podrán integrar componentes de código abierto extranjeros, aunque ambas modalidades requerirán una certificación gubernamental explícita que acredite su adecuación ideológica antes de obtener estatus oficial.
La legislación sitúa la estrategia nacional sobre inteligencia artificial bajo el mando directo del líder ruso, mientras que el Ejecutivo asumirá la ejecución del marco normativo, los apoyos estatales y la fijación de los casos de uso obligatorio. La medida sitúa el desarrollo tecnológico bajo la tutela directa del poder político, fijando su entrada en vigor para el 1 de septiembre de 2026.
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