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El Pentágono plantea un giro táctico nuclear para disuadir a Rusia y China sin desencadenar una guerra global

El Departamento de Defensa de Estados Unidos analiza un cambio estratégico a largo plazo mediante la elaboración de una nueva doctrina nuclear.
La propuesta contempla la preparación para el uso potencial de armas nucleares tácticas de corto alcance en caso de un conflicto regional contra China o Rusia.
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Nueva doctrina para guerras regionales
Bajo el marco conceptual en desarrollo, las opciones de respuesta nuclear presentadas a la Presidencia estadounidense durante una crisis serían revisadas. Fuentes cercanas al proceso señalaron que el objetivo es evitar que una conflagración convencional degenere en una guerra nuclear total, negando al mismo tiempo cualquier ventaja estratégica al adversario.
La iniciativa está supervisada por Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Políticas, quien defiende otorgar un mayor protagonismo a las armas nucleares tácticas. Este enfoque rompe con la postura tradicional centrada en el despliegue de sistemas estratégicos de largo alcance para neutralizar las fuerzas nucleares enemigas

Fuerte debate entre analistas y el Congreso
El planteamiento ha generado inquietud entre diversos especialistas en seguridad internacional:
Riesgo para la disuasión: Críticos advierten que debilitar la amenaza de un ataque nuclear a gran escala podría restarle credibilidad a la disuasión global de Estados Unidos.
Preparación comprometida: Expertos señalan que la concentración en escenarios tácticos podría dejar a las fuerzas estadounidenses menos preparadas para un intercambio nuclear total.
Dudas en el Capitolio: Fuentes del Congreso cuestionan si la medida se alinea con la meta de la administración de reforzar la capacidad disuasoria de la nación.

Fin de los tratados y reconfiguración en la OTAN
La revisión de la postura nuclear estadounidense ha cobrado urgencia tras la caducidad, en febrero de 2026, del último tratado de control de armas estratégicas firmado entre Washington y Moscú. Desde entonces, la administración estadounidense ha considerado el despliegue de ojivas adicionales y la reanudación de ensayos.
El debate ha tenido un fuerte impacto en los aliados europeos:
Flanco oriental: Países como Polonia y los Estados bálticos han expresado su interés en albergar armamento nuclear estadounidense en sus territorios.
Autonomía europea: La reorientación de recursos militares estadounidenses hacia la región del Indo-Pacífico ha llevado a naciones europeas a buscar alternativas de seguridad propias, como la decisión de Noruega de sumarse al paraguas nuclear de Francia.
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