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Rusia destina más de 60 millones de dólares a la construcción de centros para la propaganda del Kremlin

Las autoridades rusas han destinado al menos 5.400 millones de rublos (aproximadamente 62 millones de dólares) a la construcción y apertura de cuatro sedes regionales del Centro Nacional «Rusia», una red de recintos ideológicos creada por orden directa del líder ruso Vladimir Putin. Los datos surgen de un análisis publicado por 7×7 tras examinar los registros de gasto público del Estado.
Según el desglose financiero, la sede de Vladivostok recibió alrededor de 1.000 millones de rublos (11,5 millones de dólares), mientras que la de Riazán absorbió cerca de 1.300 millones (casi 15 millones de dólares). Por su parte, la instalación en Krasnoyarsk requirió al menos 1.500 millones de rublos (unos 17 millones de dólares) y la sede de Janti-Mansisk lideró el gasto con 1.600 millones de rublos (alrededor de 18 millones de dólares).
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El Kremlin prioriza el adoctrinamiento sobre la sanidad y la educación
El volumen de fondos públicos dilapidado en esta red ideológica habría bastado para levantar entre dos y tres hospitales de atención primaria o colegios de gran tamaño en esas mismas provincias, según las estimaciones del periódico 7×7.
Fue el propio Vladimir Putin quien dictó en 2023 la orden para desplegar las filiales del Centro Nacional «Rusia». La narrativa oficial del Kremlin viste estos recintos como un escaparate para exhibir los logros de la patria, apuntalar la identidad nacional e inculcar el orgullo patriótico entre la juventud. Sin embargo, la realidad de los pabellones dista de la docencia: los espacios funcionan como tribunas para el discurso oficial, cumbres gubernamentales y foros de propaganda. En sus salas se citan de forma recurrente los ideólogos de la Sociedad Znanie, se organizan homenajes con combatientes de la guerra contra Ucrania y se imparten seminarios dedicados a la defensa de los llamados «valores tradicionales».

Red de adoctrinamiento en expansión a costa del patrimonio local
El entramado no se detendrá ahí. El Kremlin planea inaugurar sedes similares en otras nueve regiones —entre ellas Kaliningrado, Leningrado, Yaroslavl o la república de Yakutia— antes de 2031. Al frente del comité organizador se sitúa Serguéi Kiriyenko, primer subjefe de gabinete de la Administración Presidencial y considerado el verdadero cerebro de la arquitectura ideológica del régimen.
Pero la construcción de este armazón propagandístico ha abierto grietas de indignación entre la ciudadanía. En Vladivostok, las autoridades confiscaron el edificio del acuario municipal —un complejo de 35 años de historia— para adaptarlo al nuevo centro. La clausura conllevó despidos masivos de trabajadores, mientras que las arcas regionales inyectaron 458,5 millones de rublos (unos 5,3 millones de dólares) únicamente en la reforma de la estructura.
El descontento se repite en Krasnoyarsk, donde la compra de parte del recinto ferial Galería Yeniséi costó 900 millones de rublos (alrededor de 10 millones de dólares). Sus habitantes han cuestionado abiertamente semejante desembolso en una urbe castigada por severas emergencias ambientales y episodios crónicos de contaminación atmosférica.

Tala de bosques y manipulación histórica para apuntalar el relato del Kremlin
El escándalo también salpicó a Riazán, donde las autoridades locales deforestaron parte de un parque forestal urbano para erigir el complejo, desatando la indignación de activistas ecologistas que han llevado el caso ante la fiscalía. Una dinámica similar se vive en Kaliningrado: la administración optó por levantar el centro patriótico sobre las ruinas del icónico Edificio de los Soviets, pulverizando las promesas previas de crear un gran parque público.
Esta ofensiva logística se enmarca en un despliegue cultural sin precedentes para reescribir la narrativa de la invasión. En esa misma línea se sitúa Testigos, un largometraje propagandístico financiado por el Estado que —según ha denunciado el comisario de Derechos Humanos de Ucrania, Dmytro Lubinets— busca distorsionar deliberadamente la verdad sobre el bombardeo del Teatro Dramático de Mariúpol perpetrado en marzo de 2022.
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