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Guerra en Ucrania

Putin presiona a Lukashenko para abrir un segundo frente contra Ucrania y lanzar ataques híbridos hacia la OTAN

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El presidente ruso Vladímir Putin estrechando la mano y saludando al líder bielorruso Aleksandr Lukashenko antes de iniciar una cumbre de Estado en Moscú.
El líder ruso, Vladímir Putin, recibe al líder bielorruso, Aleksandr Lukashenko, en Moscú. El Kremlin utiliza el control financiero para presionar a Minsk a involucrarse más en la guerra. (Foto: Getty Images)

El Kremlin ha intensificado drásticamente la presión política y militar sobre el líder bielorruso, Aleksandr Lukashenko, con el objetivo de forzar un uso mucho más amplio y estratégico del territorio de Bielorrusia en la campaña militar contra Ucrania.

Según fuentes diplomáticas y de inteligencia, las exigencias de Moscú no solo buscan reactivar el flanco norte para fijar tropas ucranianas en la frontera, sino también convertir el suelo bielorruso en la base de lanzamiento principal para una nueva serie de operaciones híbridas destinadas a desestabilizar de forma directa a los Estados miembros de la OTAN colindantes, como Polonia, Lituania y Letonia.

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La estrategia de distracción y el informe del Wall Street Journal

De acuerdo con una investigación publicada este miércoles 24 de junio de 2026 por el diario estadounidense The Wall Street Journal, el Kremlin ha venido ejerciendo una presión sistemática sobre Aleksandr Lukashenko desde principios de año. Este movimiento responde a la necesidad de Moscú de encontrar nuevas vías de asfixia estratégica sobre Kyiv, en un momento en que los avances terrestres de las tropas rusas en el frente oriental de Ucrania se han ralentizado considerablemente.

El rotativo neoyorquino, citando directamente a altos funcionarios de inteligencia de Estados Unidos y Europa, detalla que el interés prioritario de Moscú pasa por explotar la infraestructura soberana de Bielorrusia para tres objetivos militares inmediatos. En primer lugar, busca utilizar el espacio aéreo y las bases bielorrusas como plataforma de despegue masivo para oleadas de drones de ataque contra la infraestructura crítica ucraniana.

Asimismo, el plan del Kremlin contempla la creación de una amenaza inminente y constante de incursión a lo largo de la frontera norte de Ucrania. Esta maniobra de distracción está diseñada específicamente para forzar al mando militar de Kyiv a desviar batallones de élite, artillería y sistemas de defensa antiaérea desde las líneas activas de combate en el Donbás, debilitando así su capacidad de resistencia en el este y obligándoles a dispersar sus recursos logísticos.

Operaciones híbridas contra la OTAN y el chantaje financiero de Moscú

Más allá del frente ucraniano, el informe de The Wall Street Journal revela que altos mandos rusos han puesto sobre la mesa la posibilidad de utilizar el territorio de Bielorrusia como base operativa para ejecutar ataques e incursiones híbridas directamente en las fronteras de la OTAN. Desde la perspectiva de Moscú, este tipo de provocaciones controladas serviría para testear los tiempos de respuesta de la Alianza Atlántica, sembrar la división entre sus miembros y entorpecer el flujo de ayuda militar y logística occidental que recibe Kyiv.

El diario estadounidense recuerda que varios drones rusos ya han vulnerado el espacio aéreo de Polonia en el pasado. Los funcionarios consultados advierten de que estos incidentes fronterizos, lejos de ser errores de navegación aislados, podrían volverse mucho más frecuentes y agresivos si Bielorrusia termina integrándose por completo en la planificación militar del Kremlin.

El principal mecanismo de presión que utiliza Moscú para doblegar la resistencia de Minsk sigue siendo la asfixiante dependencia económica del país vecino. Exmiembros de los servicios de inteligencia señalaron al rotativo que el Kremlin maneja los subsidios energéticos y el apoyo financiero directo como un grifo que abre o cierra a conveniencia para dictar la política exterior bielorrusa.

En este complejo entramado de presiones, el embajador ruso en Bielorrusia, Borís Gryzlov, ha emergido como el intermediario clave y el ejecutor de las directrices de Moscú. Según las fuentes oficiales citadas, Rusia ya ha enviado señales inequívocas a la administración de Lukashenko advirtiendo de que la asistencia financiera y los créditos estatales serán severamente recortados o retirados de forma inmediata si Minsk insiste en resistirse a las demandas militares del Kremlin.

El ultimátum de Kyiv y las alertas de la oposición bielorrusa

Este aumento de la presión por parte del Kremlin coincide con un endurecimiento paralelo de la postura de Kyiv hacia el régimen de Minsk. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, lanzó recientemente una seria advertencia al Gobierno bielorruso, exigiéndole el desmantelamiento inmediato de toda la infraestructura logística y de comunicaciones sospechosa de dar soporte a las operaciones con drones rusos. Zelenskyy fue tajante al declarar que, si dichas instalaciones permanecen operativas en suelo bielorruso, las fuerzas ucranianas actuarán de manera independiente para neutralizarlas, abriendo la puerta a posibles ataques transfronterizos.

A la tensión militar se suma una disputa económica de calado. El Gobierno ucraniano ha acusado formalmente a Bielorrusia de convertirse en el principal flotador energético del Kremlin, elevando de forma masiva sus suministros de combustible hacia Rusia. Según funcionarios de Kyiv, las exportaciones bielorrusas de gasolina hacia el mercado ruso se dispararon significativamente durante los primeros cinco meses de 2026 en comparación con el mismo periodo del año anterior, un movimiento destinado a compensar el desabastecimiento provocado por los ataques de drones ucranianos contra las refinerías de Gazprom y Rosneft.

Aunque Aleksandr Lukashenko permitió que el ejército ruso utilizara el territorio bielorruso como rampa de lanzamiento para la invasión a gran escala de 2022 —facilitando el fallido avance relámpago hacia Kyiv—, las tropas de Minsk no han participado directamente en los combates en suelo ucraniano. Desde entonces, el mandatario ha maniobrado de forma ambigua para evitar la implicación directa de sus soldados en la guerra, tratando de esquivar nuevas sanciones internacionales destructivas mientras mantiene intactos sus lazos políticos, económicos y de defensa con Vladímir Putin.

Sin embargo, este delicado equilibrio podría estar llegando a su fin. El pasado 22 de junio, el Gabinete de Transición Unificado de Bielorrusia, el órgano de la oposición democrática en el exilio liderado por Sviatlana Tsijanóuskaya, emitió una alerta urgente advirtiendo de que el régimen de Lukashenko podría estar preparando el terreno para una entrada directa en la guerra. La oposición fundamenta sus sospechas en cuatro indicadores críticos observados sobre el terreno: la expansión de las capacidades militares del país, una integración operativa sin precedentes con las fuerzas rusas, la aprobación sigilosa de nueva legislación para tiempos de guerra y la ejecución de ejercicios militares conjuntos a gran escala en zonas limítrofes con Ucrania y Polonia.

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