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El pacto entre Trump y Putin fracasa en su intento de abaratar el diésel en Estados Unidos

El pacto energético sobre el diésel anunciado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Rusia, Vladimir Putin, no ha frenado el encarecimiento del combustible en el mercado estadounidense. Lejos de la rebaja prometida tras el acuerdo con Moscú en plena invasión de Ucrania, el precio medio del gasóleo en los surtidores del país ha experimentado un ligero incremento, según los datos publicados este 28 de octubre por The Wall Street Journal.
Las cifras de la American Automobile Association (AAA) recogidas por el rotativo sitúan el coste del galón en los 6,35 dólares (en torno a 1,53 euros por litro), frente a los 6,28 dólares registrados el 9 de octubre, día en que la Casa Blanca comunicó el entendimiento bilateral.
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Cuellos de botella y dudas logísticas lastran la llegada del combustible
El plan de Washington y Moscú contemplaba canalizar mayores partidas de combustible ruso hacia el mercado estadounidense y los circuitos internacionales de distribución, con la expectativa de amortiguar el encarecimiento de los fletes y el transporte de mercancías. No obstante, los analistas del sector energético consultados por The Wall Street Journal expresan un notable escepticismo sobre la capacidad real del acuerdo para alterar la curva de precios: los volúmenes previstos resultan, a su juicio, insuficientes para generar un impacto tangible en el surtidor.
Las trabas operativas y la falta de garantías en las rutas de suministro han quedado patentes en los primeros movimientos en el Báltico. La semana pasada, un buque cisterna con un cargamento superior a los 300.000 barriles de gasóleo ruso zarpó del puerto de Primorsk con destino inicial declarado a Nueva York. Sin embargo, la embarcación modificó poco después su estatus de navegación a «a la orden», una señal técnica que constata la ausencia de un puerto definitivo asignado para la descarga.
A la incertidumbre logística se suman los límites estructurales de la propia industria rusa, sometida al desgaste continuado derivado de la invasión y a sus propias políticas de contención interna. Los expertos subrayan que el deficiente estado de las refinerías rusas, afectadas por la falta de componentes occidentales y las restricciones operativas, sumado a las cuotas y limitaciones a la exportación que el propio Kremlin mantiene para evitar el desabastecimiento doméstico, ponen en entredicho que Moscú pueda cumplir con los envíos comprometidos.
Un impacto marginal frente al veto legal del Congreso
Incluso en el escenario de que estos envíos lleguen a puerto, las cifras acordadas representan una fracción mínima frente al déficit que arrastra el mercado internacional de destilados medios. Según las previsiones publicadas por The Wall Street Journal, Rusia exportará algo más de 100.000 barriles diarios durante este mes y prevé elevar la cifra a unos 125.000 barriles al día en noviembre. El volumen palidece al compararlo con los cerca de 800.000 barriles diarios que Moscú colocaba en el exterior en 2025, lo que evidencia la brecha insalvable entre el alcance real del pacto y la capacidad exportadora previa a la intensificación de las sanciones por la invasión de Ucrania.
Periodo / Métrica | Volumen de exportación de gasóleo ruso | Contexto de mercado |
Media diaria en 2025 | ~800.000 barriles/día | Capacidad operativa previa a las restricciones actuales |
Octubre (previsión pacto) | >100.000 barriles/día | Fracción marginal del déficit global |
Noviembre (previsión pacto) | ~125.000 barriles/día | Suministro limitado por problemas de refino |
Más allá de los límites físicos y logísticos, la iniciativa afronta un severo frente judicial y legislativo en Washington. El congresista demócrata Jamie Raskin ha advertido de que las empresas estadounidenses que compren combustible ruso se exponen a sanciones económicas de hasta un millón de dólares y penas de hasta 20 años de cárcel. Raskin sostiene que una exención ejecutiva de la Administración no tiene base jurídica suficiente para sortear la prohibición explícita aprobada por el Congreso sobre las importaciones energéticas procedentes de Rusia. El intento de sortear las represalias económicas impuestas por la guerra de agresión choca así de frente contra la arquitectura legal estadounidense, dejando a los importadores en una situación de alta vulnerabilidad penal.
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