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Infraestructura bajo amenaza: OTAN activa misión en el mar Báltico

La OTAN ha intensificado sus esfuerzos para proteger infraestructuras críticas submarinas en el mar Báltico, desplegando buques, drones y sistemas avanzados de vigilancia ante lo que los responsables aliados describen como una creciente amenaza de sabotaje encubierto.
Según informó BFBS Forces News el 18 de marzo, la operación “Baltic Sentry”, lanzada a principios de 2025, se encuentra actualmente en plena actividad operativa y no en fase de ejercicio, reflejando la creciente preocupación por la seguridad de cables submarinos y oleoductos clave para Europa.
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A bordo del buque de mando polaco ORP Czernicki, las tripulaciones trabajan en misiones de vigilancia directa sobre el lecho marino, en un contexto marcado por incidentes sospechosos en los que buques comerciales habrían arrastrado anclas sobre infraestructuras críticas.
Infraestructura clave para Europa
Los cables submarinos transportan la mayor parte del tráfico global de internet y comunicaciones entre países europeos, así como conexiones estratégicas entre Europa y aliados como Noruega o el Reino Unido.
“Esto no paralizaría completamente la sociedad, pero sí la afectaría gravemente”, explicó el teniente comandante Thomas Støkket, subrayando la dependencia estructural de estas infraestructuras invisibles.
El mar Báltico, rodeado por nueve países —entre ellos varios miembros de la OTAN—, se ha convertido en un espacio estratégico donde convergen redes energéticas, telecomunicaciones y rutas marítimas clave.

Sabotaje difícil de atribuir
Aunque la OTAN evita acusaciones directas, reconoce que varios incidentes recientes presentan características difíciles de explicar.
“Es complicado determinar si ciertos eventos son accidentes o no, pero algunos escenarios resultan poco creíbles”, admitió Støkket.
El aumento de la actividad coincide con la presencia creciente de la denominada “flota en la sombra” vinculada a Rusia, compuesta por buques utilizados para eludir sanciones y, en algunos casos, acompañados por unidades navales rusas.
Vigilancia avanzada y respuesta rápida
Desde el inicio de la operación, la OTAN ha reducido drásticamente los tiempos de respuesta ante incidentes, pasando de 17 horas a aproximadamente una hora.
Para ello, emplea sistemas avanzados como vehículos submarinos autónomos tipo Remus y drones operados a distancia como Seafox, capaces de inspeccionar infraestructuras a gran profundidad y detectar posibles dispositivos explosivos o daños estructurales.
Estas capacidades permiten monitorizar oleoductos, cables de datos y otras instalaciones críticas en tiempo real, reforzando la capacidad de disuasión frente a posibles sabotajes.

Un nuevo frente invisible
La misión refleja un cambio estratégico más amplio dentro de la OTAN, que ahora considera la protección de infraestructuras submarinas como un elemento clave de la seguridad europea.
“Hace cinco o diez años no hablábamos de esto. Ahora es un tema central”, explicó un oficial aliado, destacando cómo la guerra moderna se extiende más allá del campo de batalla tradicional.
En paralelo, mandos militares advierten de que la actividad rusa en la región sigue aumentando, incluyendo maniobras navales y movimientos vinculados a redes logísticas opacas.
Preparación para escenarios de alta intensidad
El refuerzo de la vigilancia en el Báltico se produce en un contexto más amplio de preparación aliada ante posibles escenarios de conflicto de alta intensidad con Rusia.
Altos mandos de la OTAN han señalado recientemente la necesidad de ampliar infraestructuras estratégicas, como redes logísticas y de suministro energético, para garantizar la capacidad de respuesta en caso de crisis.
En este nuevo entorno, la protección del fondo marino se perfila como uno de los elementos clave de la seguridad del continente.
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