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Rusia entra en crisis de combustible tras los ataques ucranianos a ocho de sus diez mayores refinerías

Las restricciones a la venta de gasolina y diésel se están extendiendo por gran parte de Rusia tras una serie de ataques ucranianos contra su infraestructura de refinado, según una evaluación publicada por DroneBomber el 29 de junio.
El análisis sostiene que las limitaciones ya afectan a entre 50 y 60 regiones, con colas de varias horas en estaciones de servicio, topes de compra de entre 20 y 40 litros por cliente y, en algunos lugares, ausencia total de combustible para la venta al público.
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Desde el inicio de 2026, Ucrania ha atacado más de 20 refinerías rusas, varias de ellas en repetidas ocasiones. Ocho de las diez mayores plantas de refinado del país habrían sido alcanzadas, de acuerdo con DroneBomber.
La presión ya no se limita a las regiones europeas de Rusia donde se han concentrado la mayoría de los ataques. Los problemas de suministro se han extendido a Siberia y al Extremo Oriente, lo que refleja el carácter interconectado de la red rusa de combustible.
Una cuarta parte de la capacidad de refinado, fuera de servicio
Según las estimaciones recogidas por DroneBomber, entre el 20% y el 25% de la capacidad total de refinado de Rusia está actualmente fuera de servicio o funcionando bajo restricciones severas. Algunas valoraciones elevan esa cifra hasta cerca del 40%.
El resultado sería una caída aproximada del 25% en la producción de gasolina respecto al mismo periodo del año anterior.
La dificultad para compensar estas pérdidas aumenta porque muchas otras refinerías ya operan cerca de su capacidad máxima. Las reparaciones de unidades de destilación y otros equipos críticos pueden prolongarse durante meses, especialmente cuando dependen de componentes importados cuya sustitución se ha complicado por las sanciones.
Entre las plantas que han reducido producción, suspendido parcialmente sus operaciones o sufrido daños importantes figuran las refinerías de Moscú, Saratov, Volgogrado, Kirishi, Riazán, TANECO, Kuibyshev, Novokuibyshev, Syzran, Tuapse y Yaroslavl.

La refinería de Moscú, el golpe más grave
El análisis sitúa el impacto más importante en la refinería de Moscú, situada en Kapotnya, que fue atacada dos veces, el 16 y el 18 de junio.
Tras el segundo ataque, la instalación habría sufrido daños críticos y no se espera que pueda reanudar sus operaciones durante al menos seis meses, según DroneBomber.
La planta era un proveedor clave de gasolina para Moscú y su región metropolitana. Su salida prolongada de servicio obliga a Rusia a redirigir combustible desde otras zonas para cubrir la demanda de la capital, los grandes centros industriales y las necesidades de la logística militar.
Esa redistribución deja a las regiones más alejadas en una posición más vulnerable. El sistema ruso funciona como una red nacional integrada: cuando una gran refinería deja de producir, el combustible disponible se desplaza hacia los centros considerados prioritarios y reduce el margen para el resto del país.
Crimea ocupada, entre las zonas más afectadas
La situación es especialmente grave en la Crimea temporalmente ocupada, donde la venta de gasolina a civiles se ha restringido de forma drástica, según la evaluación.
El combustible se distribuye principalmente mediante tarjetas de racionamiento o permisos especiales, mientras las autoridades de ocupación priorizan el abastecimiento de servicios estatales y actividades vinculadas a la seguridad de la península.
También se han reportado restricciones relevantes en Moscú y su región, Riazán, Saratov, Lipetsk, Uliánovsk, el krai de Krasnodar y partes de Siberia y la región del Volga.
En numerosos puntos de venta se ha prohibido llenar bidones, se han impuesto límites de compra y los conductores afrontan largas esperas. Las restricciones revelan que los problemas no se reducen a una falta puntual de gasolina en determinadas localidades, sino a una presión sostenida sobre la producción, la distribución y las reservas regionales.
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Rusia busca combustible fuera de sus propias refinerías
La crisis ha obligado a Moscú a estudiar medidas que hasta hace poco parecían improbables para uno de los principales productores de petróleo del mundo.
Según DroneBomber, Rusia ha empezado a importar gasolina por vía marítima por primera vez en años, negocia compras de combustible con Kazajistán y estudia una prohibición total de las exportaciones de diésel para contener la presión interna.
Belarus también ha incrementado los envíos de emergencia a Rusia. En mayo, las entregas de gasolina bielorrusa aumentaron un 11%, hasta las 57.000 toneladas; los suministros de diésel crecieron un 23%, hasta las 50.000 toneladas; y se añadieron más de 5.000 toneladas de combustible de aviación.
La dependencia de importaciones, restricciones administrativas y suministros de emergencia desde Belarus muestra la dificultad de Rusia para recuperar con rapidez la producción perdida.
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Ataques contra una infraestructura que sostiene la invasión
La campaña ucraniana contra las refinerías tiene un objetivo directo: reducir los ingresos energéticos rusos y dificultar la disponibilidad de combustibles para la maquinaria militar que sostiene la invasión a gran escala.
Las instalaciones atacadas no solo abastecen el mercado civil. Producen gasolina, diésel, fuelóleo y otros derivados necesarios para vehículos militares, trenes logísticos, aviación, generadores, maquinaria de ingeniería y redes de transporte utilizadas por las fuerzas rusas.
La extensión de los problemas a decenas de regiones muestra que los ataques no afectan únicamente a las instalaciones alcanzadas. Cada planta que reduce o detiene su producción obliga a Moscú a redistribuir recursos, proteger más infraestructuras y decidir qué zonas reciben combustible primero.
Para Ucrania, esa presión forma parte de una campaña de ataques profundos cada vez más sostenida. Para Rusia, se está convirtiendo en un problema interno que ya no puede ocultarse solo con comunicados sobre “problemas técnicos” o daños vagamente descritos en infraestructuras.
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