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Ucrania lanza “Logistic Lockdown” para cortar las rutas que alimentan los asaltos rusos

Ucrania lanza un nuevo programa llamado “Logistic Lockdown” para ampliar sus capacidades de ataque de medio alcance y golpear las redes logísticas rusas en la retaguardia operativa, anunció el 27 de mayo el ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov.
La iniciativa busca reducir la capacidad rusa de sostener asaltos de infantería en el frente atacando lo que los alimenta desde atrás: depósitos de munición, combustible, equipos, centros de mando y rutas de suministro.
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Según Fedorov, los datos internos del ejército ucraniano muestran una relación directa entre el daño causado a la infraestructura rusa en retaguardia y la reducción de operaciones ofensivas en la línea de contacto. En los últimos meses, Ucrania ha cuadruplicado los ataques contra logística, depósitos, equipos y centros de mando rusos.
“Ucrania ha ido recuperando gradualmente la iniciativa en el campo de batalla, y el precio de avanzar para el ejército ruso sigue aumentando”, afirmó Fedorov.
El ministro añadió que, mientras en octubre Rusia perdía 67 soldados por cada kilómetro cuadrado capturado, en abril esa cifra había subido a 179 soldados por kilómetro cuadrado.
Golpear antes de que el asalto llegue al frente
El programa parte de una idea simple: no esperar a que la infantería rusa llegue a las posiciones ucranianas, sino atacar los sistemas que permiten que esos asaltos ocurran.
Fedorov vinculó la nueva fase a la expansión de los ataques ucranianos de medio alcance y a las restricciones que impiden a las fuerzas rusas utilizar la red satelital Starlink. En paralelo, señaló que Rusia sigue pagando un coste humano altísimo, con más de 35.000 bajas mensuales entre muertos y heridos graves.
El objetivo de “Logistic Lockdown” no es una sola gran operación, sino una presión sostenida: menos camiones, menos munición en destino, menos combustible disponible, menos mandos funcionando con normalidad y más tiempo perdido para mover recursos hasta el frente.
5.000 millones de grivnas para compras directas
El plan se desplegará en dos etapas. En la primera, el Ministerio de Defensa y el Estado Mayor asignaron 5.000 millones de grivnas, unos 112 millones de dólares, directamente a unidades militares para que compren capacidades de ataque de medio alcance sin pasar por los plazos habituales de la burocracia.
Los fondos se dirigen a las brigadas más activas en ataques contra la retaguardia rusa, seleccionadas mediante una métrica interna de rendimiento llamada “yeBaly” o e-Points.
Las primeras unidades ya recibieron financiación para iniciar compras directas a fabricantes. La lógica es acelerar: que quienes ya están golpeando rutas y depósitos puedan adquirir antes los sistemas que necesitan.
Licitaciones abiertas para escalar la producción
La segunda etapa consistirá en licitaciones abiertas y centralizadas para adquirir un lote amplio de plataformas de ataque de medio alcance.
Ese formato busca escalar la producción, reducir costes y mantener transparencia en el gasto público. Según Fedorov, los nuevos equipos deberían estar operativos en el frente este mismo verano.
La combinación de compras directas y licitaciones más grandes apunta a cubrir dos necesidades a la vez: velocidad para las unidades que ya están operando y volumen para sostener la campaña durante meses.
La R-280, una ruta rusa bajo presión
Uno de los corredores que encaja en esta campaña es la carretera R-280, bajo ocupación rusa, que conecta Mariupol con Crimea a través de Berdyansk y Melitopol.
Esa ruta funciona como una de las arterias terrestres de la logística rusa en el sur ocupado. Por ella circulan combustible, munición, camiones y equipo militar destinados a sostener operaciones en Zaporizhzhia y el sur de Donetsk.
Unidades ucranianas ya han informado del uso de drones de largo alcance, no divulgados previamente, para atacar camiones militares y cisternas rusas en ese corredor. Según esos reportes, la presión ha obligado a restringir el movimiento de equipo pesado por la carretera.
Los intentos rusos de usar caminos de campo o rutas alternativas tampoco eliminan el problema. Si los drones detectan los desvíos, el corredor deja de ser una línea segura y se convierte en una zona de tránsito vigilada.
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